Alfarero de artistas

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Por: Anabel Martínez Torres

Apasionado de las artes y comprometido con el futuro de las próximas generaciones de educadores artísticos, Luis Eduardo Ordoñez Kuc nunca imaginó que lo que inició como un hobbie a los 14 años de edad en la pastoral de su iglesia se convertiría en su vocación, profesión que lo ha llevado a disfrutar 25 años como actor de teatro, 14 como docente cultural en aulas y como director de la Escuela de Educación Artística del Instituto Campechano, donde a diario pone su granito de arena para engrandecer a la benemérita institución que este año ajusta 31 años formando nuevos talentos.

¿Cómo descubre su vocación?
No sé si el teatro me descubrió o yo a él, o quizás hicimos una simbiosis inmediata sin darnos cuenta. Tenía 14 años, iba al catequismo y dentro de las actividades eclesiásticas estaba el participar en una obra de teatro, ahí lo descubrí, disfrutaba mi proyección escénica, la dirección que nos daban y desde entonces no me pude sacar la idea de la cabeza.

¿Cuándo comienza sus estudios en teatro?
Eso si fue una cuestión accidental, estudiaba la preparatoria y tomé como actividad extracurricular natación sin saber hasta ese momento que le tenía miedo a las alturas, y lo descubrí cuando me pidieron subirme a la plataforma de la alberca y me paralicé, no pude. Así que tuve que buscar otra actividad que me permitiera cumplir con los requerimientos de la escuela y decidí inscribirme al taller de teatro donde fue mi maestra Lulú Ocampo, eso terminó de convencerme que éste era mi camino. El tiempo que estudié formé parte de la Compañía de Teatro de la Universidad Autónoma de Campeche, tiempo después decidimos formar nuestra propia compañía, “Farsa”, y desde entonces no paramos. Actualmente estoy en un receso por este compromiso tan importante, como es la formación de las futuras generaciones.

¿Qué es lo que más le gusta de su faceta de director?
Creo que todo lo que hacemos debe tener un propósito y nos tiene que gustar, antes de asumir esta responsabilidad estuve 14 años al frente de grupo y aprendes mucho del alumnado independientemente de ser tu quien enseña. El alumno todos los días te enseña algo nuevo y eso te motiva a estar actualizado, capacitarte continuamente y así inicia y termina un ciclo todos los días. Llevar una escuela con tantas mentes creativas también es apasionante, es una labor titánica educativamente pero también con la sociedad que cada Carnaval, por ejemplo, espera la participación del alumnado, sus innovaciones, interpretación, trajes, todo, y es precisamente la enseñanza que me gusta sembrar en los alumnos, esa sed de investigación para hacer lo que a nadie más se le ha ocurrido.

¿Cuál sería su consejo para las futuras generaciones?
Que todo lo que hagan lo hagan con pasión, hacer teatro como cualquier disciplina artística amerita pasión y preparación, no podemos ser improvisados si queremos trascender.