Fascinada por el mundo teatral

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Por: Daniel Castillo 

Cristell Solís llegó al teatro casi por casualidad y de pronto, éste se convirtió en una de sus grandes pasiones. Joven talentosa, se inició primero como asistente en el área de producción hasta que llegó el momento, no decidido por ella, de convertirse en actriz de la Compañía de Teatro del Instituto Campechano, y nos cuenta cómo ha sido este tránsito en su vida.

¿Cómo se da tu llegada al teatro?
Entré a la Compañía de Teatro del Instituto Campechano en el año 2009. No inicio actuando, hacía las labores de asistente de dirección y eso estuve haciendo durante algún tiempo.

¿Cómo es que pasas de la producción a la actuación?
Fue muy chistoso porque fue en realidad mi amiga Stephanie Sánchez Vasconcelos, a quien le gusta mucho el teatro, la que me llevó y hay algo muy curioso porque primero iríamos a una promotoría deportiva o cultural porque según nos darían becas, pero lo dejamos por el teatro.
Yo la verdad era de las que se escondía en el rincón, no me gustaba nada del escenario, pero yo estaba en producción y hubo una época carente en el grupo de teatro y quedábamos solamente tres personas, por lo que el maestro Juan Arce Saavedra fue el que me dijo que tendría que actuar.

¿En qué papel comienzas en escenarios?
Me tocó uno de esos papeles sencillos de los que entras al escenario tres segundos y listo. Tenía que decir los nombres de tres bocadillos y de esos se me olvidaba dos, solo terminaba diciendo uno, y juro que fue como para salvar el momento, y es así como llego al escenario.

¿Esa es tu mejor anécdota o hay alguna otra que te haya marcado?
Esa es una de las más importantes, porque paso de decir los nombres de tres bocadillos a hacer el personaje principal de una obra que se llama «En Altamar», esa fue digamos mi primer obra porque el personaje es muy fuerte y muy importante para mí.

¿Qué siguió después?
Hice «Monólogos de la Vagina», después hice «Mujeres de Arena», y un personaje que marca un antes y un después es un monólogo que también dirigió el maestro Juan Arce en «Yo Ulrique Grito», es un texto muy fuerte, ese fue uno de los personajes más difíciles porque me di cuenta que sí podía hacer cosas.

¿Ayuda el teatro a superar esos obstáculos que a veces se pone uno mismo, como el temor a hacer las cosas?
Claro, porque Cristell 2009 y Cristell 2016 son dos personas completamente diferentes, yo era de las personas que no salían en bailables ni me imaginé estar en un escenario alguna vez, a mi el teatro me ayudó mucho a vencer ese miedo de estar frente al público.
Ayuda mucho al desenvolvimiento de las personas, pues es el arte de interpretar personajes y seguir siendo tú mismo, aunque en ocasiones hacemos nuestras algunas frases, o repitiendo algunos fragmentos de monólogos.