Mujer hecha de mar

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Una mochila a cuestas, los pies cansados, las ansias de continuar la aventura hermosa de vivir y recorrer el mundo. Conocer gente, países, comidas, aromas diferentes.
Este es el sueño de muchas mujeres alrededor del mundo. Es mi sueño. Es el tuyo. Y no exclusivo de mujeres, también de hombres. Muchos están esperando a lograr su retiro, su jubilación para poder hacerlo realidad.
El caso de María Trinidad Matus se suma a la lista de mujeres asesinadas, como en el caso de María y otras dos viajeras.
Mar, Sirena, era una chica como cualquier otra, llena de sueños, metas, que trabajaba para lograrlo todo. Apenas había terminado de grabar un disco llamado Marmaid (hecha de mar). También había planeado el viaje desde hacía mucho tiempo.
Pero a sus 25 años y en Costa Rica, encontró un triste final. La historia ya la sabe usted a grandes rasgos: viajaba sola, conoció amigos nuevos y, acompañada por otra chica, iban a algún destino cuando unos hombres las interceptaron, a su acompañante le arrancaron sus pertenencias y ella logró huir para buscar ayuda pero Mar, aguerrida, decidió defenderse. No lo logró. Cuando su amiga volvió para ayudarla, encontró su cadáver violentado.
La historia de violencia de la víctima no termina ahí, porque al circular las noticias, los comentarios más sobresalientes eran para echarle la culpa por viajar sola, por no “cuidarse”.
Algunos de los comentarios fueron de hombres y otros, desafortunadamente, de las mujeres.
¿Qué nos está pasando? El hecho de avanzar en la equidad, en la decisión de las mujeres de ya no tener miedo a hacer realidad nuestros sueños nos está costando la vida, la paz, la libertad.
Seguimos atadas y ahora es al miedo, miedo de poder andar solas, de tomar decisiones basadas en: “no iré a la fiesta porque esa colonia es peligrosa”, “me voy a callar el insulto porque no quiero empeorar las cosas”. Ahora, también hay miedo por la ola de comentarios contra quien ejerza su libertad humana, simplemente humana.
No, Mar no murió porque viajó sola, murió porque en toda Latinoamérica es un peligro ser mujer. Es peligroso hablar, decir lo que pensamos, pensar, viajar, enamorarse, ser madre, decidir no ser madre, salir de casa, estar dentro de casa. En fin, es peligroso ser mujer.
Mar no murió por ser bonita, ni por ser la culpable de una libertad que ella se merece, que todos y todas merecemos. Mar no murió por tonta, por querer defender su maleta, Mar murió porque esos hombres decidieron que tenían poder sobre ella y la maleta, cosa material no tenía valor económico, para ella representaba su seguridad.
Mar murió porque nosotras como mujeres todavía no nos unimos, aunque sea para cuidarnos. Mar murió porque todavía no hay una sociedad que nos pueda dar el lugar que merecemos.
Y todavía después de muerta, Mar es víctima de nuestros comentarios machistas. Pobre Mar, ese espejo en el que nos vemos todas, que pese a que tenemos mucha libertad y autonomía, tenemos miedo de salir a la calle porque sabemos que hay la posibilidad de que no volvamos.