Patean como niña

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No podemos dejar de lado este caso. Quedará opacado entre las notas del Tren Maya, de los centroamericanos que buscan cómo escapar de su fallida sociedad, por la colosal escultura que ahora habita el malecón de la ciudad de Campeche.
Es mi deber, es mi compromiso, es una obligación moral la mía hacer un homenaje a mis hermanas que fallecen a manos del patriarcado, ese fantasma enorme que no desaparece del todo y que cada vez nos arranca más vidas.
De verdad parece que la misoginia crece en la misma medida que las mujeres dan un paso adelante en su carrera por lograr el respeto a sus derechos como persona.
Está semana les traigo el cesto de Marbella “Mar” Ibarra, una pionera en el deporte en el estado de Baja California.
Luego de ejercer como abogada muchos años y de juntar las ganancias de su salón de belleza, apostó cada peso, cada minuto, cada sueño, cada esfuerzo al fútbol soccer, fundando así la división femenil de Xolos en el municipio de Tijuana.
Así que todos sus ahorros los tenía empeñados en esa empresa que poco a poco comenzó a dar frutos.
Es una verdadera lástima que unos malandros desconocidos le hayan arrebatado hace más de un mes, la libertad que ella gozaba.
Finalmente, la golpearon y torturaron hasta matarla y luego, la desecharon (sin piedad, sin humanidad, sin una pizca de respeto) envuelta en una sábana, en Rosarito, Baja California.
¿Qué les duele, hombres? ¿Es acaso que han perdido la pertenencia de algo que siempre fue libre? ¿Les duele haber perdido el terror que les tenían las mujeres, logrado a punta de golpes e insultos? ¿Les duele que sí puedan?
Salirnos del guacal nos ha valido la vida a muchos que pelear por la equidad de las mujeres.
Ninguna mujer en sus cabales exige al mundo ser tratada como un hombre no queremos ser hombres. Queremos tener igualdad en trato, derecho y libertad.
Mar Ibarra no pedía jugar en equipos de hombres sino conformar un equipo profesional de mujeres en su estado. Hoy está muerta, fruto de un cobarde asesinato.

GORDITOS Y BONITOS
Por si fuera poco, conmemoramos en esta semana el asesinato de Digna Ochoa, cuya vida dedicó a buscar la dignidad de los pueblos indígenas. A 17 años de injusticia y mentiras sobre su muerte, todavía no se esclarece su caso.