¿A qué vino AMLO?

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El viernes por la noche llegó vía aérea a esta ciudad el presidente electo Andrés Manuel López Obrador, acompañado de su familia, previo a la tercera reunión sobre el proyecto del Tren Maya que se realizará mañana en la ciudad de Mérida, con la asistencia de los gobernadores de Chiapas, Tabasco, Campeche, Quintana Roo y Yucatán, con el objetivo de analizar los temas torales de esta propuesta, que en el anteproyecto del PEF 2019 enmarca los primeros seis mil millones de pesos para iniciar su construcción.
En redes sociales la noticia corrió como reguero de pólvora, pues a poco más de 20 días de asumir la primera magistratura de la nación, AMLO se da su tiempo para “refrescar la memoria” y visitar a sus amigos campechanos, en particular a los feudos de la alcaldesa CDMX, Layda Sansores Sanromán, cuyo equipo de cabecera fue el encargado de recogerlo y transportarlo a un lugar previamente seleccionado.
En los corrillos políticos, se habló incluso de un acercamiento del Presidente electo con el gobernador Alejandro Moreno Cárdenas, con la intención de afinar algunos detalles sobre la llegada de los mandos nacionales de Pemex a Ciudad del Carmen, a partir del 1 de diciembre próximo, aunque la parte oficial no ha emitido ni un comunicado al respecto.
Medios nacionales, en redes sociales, dieron la primicia de la visita a Campeche  del hombre más importante pero a la vez el más controvertido, libra por libra, que tiene el país en estos momentos. El próximo presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos fue abordado por la prensa a su llegada al aeropuerto de la Ciudad de México. Adelantó que viajaría a Campeche a descansar, junto con su  familia, por espacio de dos días.
Ni un ápice de otro asunto personal durante su estancia en estas tierras, según se desprende de sus declaraciones, lo cual está por verse, pues como ha dicho alguien por allí, en Campeche todo se sabe, y si alguna persona quiere que algo no se sepa, ni lo piense: los campechanos somos muy comunicativos, sin decir por ello que somos chismosos.
Lo trascendente del asunto se dio al arribar el tabasqueño al aeropuerto “Ing. Alberto Acuña Ongay” como cualquier cristiano, cargando su equipaje, sin guardaespaldas ni protocolos de seguridad, acordes a lo que representa, lo que despertó curiosidad entre pasajeros y personal de la línea aérea que utilizó. Un discreto dispositivo logístico que “sin querer queriendo” ya esperaba a López Obrador en las instalaciones aeroportuarias, pasó desapercibido.
¿A qué vino López Obrador? Evidentemente, la respuesta a la interrogante formulada  por los comunicadores fue directa, en buen plan, es decir, una visita de descanso, entre otras cuestiones, para ordenar y reprogramar pensamientos y la “memoria madre”.  Andrés Manuel negó que su presencia en Campeche fuese por la boda de uno de sus hijos, como desde horas antes se había filtrado en el bajo y el alto mundo de la política.
Cierto. Campeche, el estado en general, lugar idóneo para unas merecidas vacaciones por ser tranquilo. Por sobre todas las cosas conserva la paz social y la armonía para transportar a cualquier mortal a un mundo de colores y fantasías, y desactivar la sobrecarga de neuronas. Un relax obligatorio.  Esto, claro, sin fumar marihuana.
En política este tipo de “descansos” al que el próximo Presidente de todos los mexicanos tiene derecho, “obsequia” una connotación de primer orden, en particular porque él siempre ha visto a Campeche como parte de su idiosincrasia familiar. No obstante, esta visita tiene  diversas lecturas políticas que rayan en la especulación, lo cual es permisible si se habla de respeto a la libertad de expresión. De libertad para suponer escenarios estridentes que no gustan a algunos.
El Presidente electo, entre otras cuestiones, quizás quiso decir que estaría dos días en Campeche para analizar fríamente, en la tranquilidad del alma, su llegada triunfal a Palacio Nacional, la lista de invitados y la conformación de la maquinaria 2018-2024, así como su relación con la iniciativa privada y  los gobiernos con colores distintos a su partido. El aeropuerto de Santa Lucía y las finanzas públicas. En fin.
Empero, en política nada se mueve si no lo empujan. Dicho de otra manera: en política nada ocurre por casualidad, por lo que López Obrador, aun cuando afirmó que su visita a Campeche sería para descansar, las especulaciones sobre la presunta boda de su hijo en una hacienda habría sido el motivo de su presencia aquí. Los temas de sociedad, las “fiestas fifí”, a estas alturas del partido, confunden a cualquier bulto con un blanco preciso.
Lo cierto del caso es que el “Ex Peje”, Andrés Manuel López Obrador, ratificó el viernes sus compromisos con Campeche, que además del establecimiento de las oficinas general de Pemex en Carmen, destacan la construcción del Tren Maya y la segunda refinería en la Península de Atasta. Esta no fue una “visita de Estado” ni de agradecimiento, pero la sola presencia de López Obrador alborotó el rebaño y todo lo que se mira tras bambalinas. El señor tiene, hoy por hoy, en pandero en la mano y ya dijo quién manda.