Se dice…

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Que los conflictos se siguen acumulando para las autoridades del Ayuntamiento de Campeche, que ya no quieren queso sino salir de la ratonera. Y es que a un mes que asumieron el control, las protestas, inconformidades y problemas han sido la nota que ha distinguido una actuación que ya decepciona a muchos de los que depositaron su confianza en las urnas.

Que ya los pretextos se están acabando para el nuevo alcalde y sus seguidores, pues no se ve un solo avance en temas tan necesarios como los servicios públicos; por el contrario, los baches nacen crecen, se multiplican y no hay nadie que lo impida. Ya ni siquiera van para que les tomen fotos tapando huecos, porque evitan que la gente enardecida reclame que se pongan a trabajar ya en la ciudad y no en proselitismo anticipado en otros municipios.

Que a ese malestar hay que sumarle la violación a las leyes urbanas, como ocurrió con el permiso que dieron para que ambulantes se instalaran en el parque principal, y, lo que más tiene enojados a muchos: la ola de despidos de trabajadores, sin importar su antigüedad, su valía o aporte al municipio.

Que simplemente no hay control en el Ayuntamiento. Es comprensible que limpien las nóminas, pero deben hacerlo con orden, con planeación y a conciencia, pero eso no ocurre, y están acabando con el empleo de personas valiosas que incluso les apoyaron en campaña con la esperanza de un cambio, que finalmente es un cambio pero para empeorar.