No solo hay que saber ganar, también hay que saber perder

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Entre ganar y perder, indudablemente que ganar es el “platillo” que mejor se disfruta en todas las competencias. Mucho más disfrutable es, para muchos, cuando de competir en una jornada electoral se trata. Ganar una elección es un triunfo incomparable para quienes participan en política. Perder una elección, en cambio, es poco digerible y aceptable, sobre todo para quienes persiguen ambiciones desmedidas y alejadas del servicio al pueblo. Sin embargo, tanto en el ganar y en el perder debe haber suficiente madurez, humildad e inteligencia para aceptar cualquiera de estas dos condiciones.
El ganador y el perdedor de una elección debe aceptar y asimilar que un solo voto hace la diferencia para un triunfo o para la derrota. Y en la política como en cualquier competencia deportiva o de conocimientos solo hay “de dos sopas”: ganar o perder. Sin embargo, cuando se acepta cualquier fallo, tanto el ganador como el perdedor suman sus resultados para ser mejores en la vida y estar preparados para enfrentar mayores retos. La democracia en México, aunque se dio un importante paso para su consolidación en los recientes comicios del domingo 1 de julio, al reconocer la gran mayoría de los “actores políticos” a quienes el resultado del voto les fue adverso, el triunfo de sus adversarios, hay aún mucho por hacer para lograr que quienes pierden lo hagan con la completa convicción de que el hecho de su derrota no se debió a ningún “fraude electoral” sino simplemente porque el voto mayoritario de la ciudadanía no le favoreció. Así de simple, sin ninguna otra objeción.
Hoy en México, la preparación de una jornada electoral implica no solo infinidad de recursos económicos y humanos para su organización y realización exitosa. En cada celebración de comicios, son cientos de miles de personas las que se suman a garantizar a que el voto ciudadano se respete en las urnas. Son también cientos de miles de representantes de partidos políticos los que están al pendiente de que los votos de sus candidatos se cuenten cómo la voluntad ciudadana los emitió. Hay también miles de observadores electorales que dan fe de lo que acontece en las casillas.
Por tanto, no se vale que solo cuando los candidatos de los partidos políticos resultan ganadores de una elección avalen la democracia y cuando no les favorece el voto lancen irresponsables acusaciones de fraude electoral y endilguen la culpa de su derrota a las autoridades del INE y de los estados. Quien gana y quien pierde una elección debe de tener la suficiente madurez y civilidad para aceptar cualquiera de estos dos fallos ciudadanos, los que finalmente tiene que avalar una autoridad electoral para darle la legalidad respectiva.
Y todo lo anterior lo señaló en este artículo porque después de ver que en Campeche, nuevamente, la ciudadanía refrendó una ejemplar participación en los comicios del 1 de julio, es injusto que una minoría de candidatos de MORENA y del Partido Acción Nacional que no fueron favorecidos por la voluntad popular pretendan manchar el trabajo de las autoridades electorales, del INE y el IEEC, solo por joder.
Si algo ha quedado más que claro en los resultados de los comicios en el estado de Campeche, es que los consejeros y funcionarios del IEEC han mostrado total imparcialidad y respeto en el conteo de los votos emitidos por los ciudadanos el pasado 1 de julio, donde el cumplimiento de sus responsabilidades han implicado largas jornadas de trabajo en las que incluso no ha habido espacio para el descanso, como ha sucedido hasta el momento en Carmen donde se está dando el conteo voto por voto, para definir al ganador a la presidencia municipal.
Los miembros del Instituto Electoral del Estado de Campeche, cuya presidente del Consejo General es la maestra Mayra Fabiola Bojórquez González han demostrado legalidad e imparcialidad en el trabajo desarrollado y los consejos distritales procedieron con elemental justicia en el conteo de los votos ciudadanos, resultando ganadores quienes tienen la efectiva mayoría de sufragios, no los candidatos que quieren imponer a capricho victorias que no se merecen. El voto ciudadano, aunque haya quienes no quieren reconocerlo por sus malsanos ambiciones e intereses mezquinos, hoy más que nunca se ha respetado y se aplicó hacia quien la voluntad mayoritaria decidió como mejor opción a un cargo de elección popular. Y como dijera el gobernador, Alejandro Moreno Cárdenas, a quienes no aceptan aún la voluntad ciudadana: “que se tomen un té de Tila o un té de Manzanilla”.