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Que una nueva muestra de civilidad es la que se dio durante el encuentro en la capital del país entre el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, y el ex candidato del PRI-PVEM-Panal, José Antonio Meade Kuribreña. Esa reunión manda una señal muy clara para todos: los tiempos de la política, con todo lo que implica, con las descalificaciones y pujas entre contrarios, se acabaron en las urnas el pasado 1 de julio.

Que también queda claro que los políticos son rehenes de las circunstancias, puesto que en tiempos de campaña era imposible que López Obrador se expresara con elogios de Meade Kuribreña, a quien ahora, frente a frente, calificó como “persona honorable y bueno”. No cabe duda que todo lo que se dice en tiempos electorales solo tiene como fin captar votos, aunque muchas veces no se expresen verdades.

Que, lo cierto, es que tanto en lo nacional como en lo local -como decíamos en la columna de ayer luego del encuentro del gobernador Alejandro Moreno con legisladores federales electos, en su mayoría de Morena-, las heridas han comenzado a curarse, y se está haciendo de forma quirúrgica, con exactitud y sin sobresaltos.

Que ojalá el mensaje de que hay que trabajar en unidad, sin distinción de partidos, llegue a todos. A nadie le conviene un país y un Estado dividido, con sus políticos peleados y buscando solo lo que a ellos les beneficie, y sin mirar por el interés superior de los ciudadanos. Ahora son tiempos de trabajo y reconciliación.