La verdad (no) es de quien la publica

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Con mis afectuosos saludos desde Murcia, España, donde hemos cumplido el compromiso de presentar la ponencia “México 2018: ¿Decisión desde la Red?”.
Las conclusiones de la mayoría de las presentaciones de académicos, investigadores e interesados de la política nos demuestran que la época de la postverdad encuentra un catalizador en las redes sociales.
Acontecimientos recientes en nuestro estado son botones de muestra que lo afirman, al presentar modificaciones donde la verdad se diluye en la resonancia hasta producir un híbrido entre noticia y construcción propia.
La época del bulo, noticias falsas o fake news, han modificado nuestros hábitos de consumo y producción de información en la inercia de los nuevos “paradigmas de comunicación” 3.0
En otras palabras, la manifestación de un hecho que genera interés mediático, inicia su modificación partiendo del encuadre e interpretación del reproductor inicial hasta su ingreso en la “cámara de eco”.
El filtro de subjetividad pasa por ser más que aduana, en sello personal que va minando las noticias, hasta presentarnos una construcción en ocasiones muy alejada de la realidad.
La consecuencia del uso acrítico de nuestras redes ha generado este escenario que no pocas veces es violento, pues es reflejo del humor social que produce el aura digital que percibimos. El reto que enfrentamos como nativos virtuales es alfabetizarnos digitalmente y a quienes nos rodean. De lo contrario, seremos ciegamente parte de la legión que refería Umberto Eco.
Es momento de ser exigentes en la calidad de información que recibimos, con criterio propio alejado de la disonancia cognitiva que reafirma a discreción de posturas erráticas o sin sustento.
El valor de la verdad deberá recuperarse minando en reversa con estricto escrutinio personal que evite la escandalosa resonancia. La neutralidad en la red, además del ancho de banda, también deberá serla en nuestra interacción. ¡La verdad no siempre es de quien la publica!