Esto está pasando

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No suelo hacerlo pero quisiera llamar la atención sobre algo que está sucediendo en el Ayuntamiento de Campeche, que es sabido, pero ahora lo estoy viendo de cerca y no puede calificarse más que como injusticia o, cuando menos, profundo descuido.
La señora que me ayuda en la casa desde hace 13 años es también intendente en una escuela primaria pública pagada, es un decir, por el Ayuntamiento desde hace más tiempo. Primero una conocida líder de colonias, entiendo ya retirada, cobraba y se quedaba con el salario que les correspondía a las mujeres que hacían limpieza en las escuelas, y les decía que estaban de “meritorias”.
Cuando después de dos años ellas reclamaron, el Ayuntamiento accedió a pagarles directamente como “apoyo”, sin formalizar la relación laboral, situación que se prolongó por años hasta que en la recién terminada administración municipal se les dio cabida con contratos temporales renovables, de los cuales no se les entrega copia, como tampoco se les entrega comprobante de pago, de modo que su situación laboral es, por decirlo suavemente, frágil.
La situación se complica cuando las administraciones panistas, empezando con la de Rosado Ruelas y ahora con Eliseo, parecen no haber leído la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y por lo tanto ignoran que ésta atribuye la responsabilidad de la educación a los tres órdenes de gobierno, por lo que la aportación del Ayuntamiento a la limpieza de algunas escuelas primarias de esta ciudad es apenas justo frente a los millonarios costos de la educación en el país y en el estado.
En la primera administración, Ruelas acarició la idea de negar el apoyo y enviar a las señoras a barrer el mercado o las oficinas públicas pero finalmente todo quedó igual.
El caso presente es peor, ya la última quincena de septiembre no se las pagaron y desde que la nueva administración tomó posesión, las señoras no cobran,
es decir, ya les deben tres quincenas y la que va corriendo. Todos hemos oído cómo están dejando en la calle a trabajadores con muchos años de servicio sin darles siquiera las gracias. Es entendible que una nueva administración revise la nómina que encuentra para, en su caso, depurarla y hacer ahorros presupuestales. Lo que no es entendible es la forma desaseada y posiblemente ilegal en que están dejando en la calle a personal de los niveles más bajos de sueldo, como bacheadores de calles, por ejemplo, que por su escasa preparación, su edad en algunos casos y el desconocimiento de sus derechos, se ven enfrentados a una situación sumamente precaria.
La señora que me ayuda se encontró a Eliseo muy apurado bacheando calles y se acercó a preguntarle cuándo les van a pagar. Palabras más, palabras menos, la respuesta fue que había mucho aviador y que tenían que revisar todo.
Mientras no terminen nadie cobra, pero eso sí, que siguiera yendo a trabajar, que eventualmente alguien visitaría la escuela para constatar su asistencia y labor. Pero el caso es que los días pasan y nadie llega y tampoco les pagan.
Cada quincena el director de la escuela expide una constancia de asistencia al personal comisionado por el Ayuntamiento, misma que se entrega en alguna oficina de Recursos Humanos de ese orden de gobierno. Ahí la encargada les ha dicho a las señoras que si quieren sigan yendo a trabajar pero que no hay garantía de que les vayan a pagar o incluso que vayan a seguir trabajando. Mientras, para llegar a su escuela lógicamente gastan en camiones y en llevar algo de comer durante la jornada.
En algún caso el director y personal docente se están cooperando para ayudarlas; en otros casos el director no tiene esa iniciativa.
Al final, es juego suma cero: los primeros que pierden son los niños y niñas que, de continuar esta situación, se quedarán sin quienes limpian las escuelas, tomarán clase en salones sucios y tendrán baños sucios; pierde la escuela porque el sistema federal no ha creado en años plazas que no sean docentes por lo que no pueden reponerse; pierden los padres de familia porque tendrán que contribuir a resolver una situación en la escuela de sus hijos, quieran o no; desde luego pierden las personas que hace 15 años trabajan honradamente, en condiciones legales poco claras, que en los hechos se verán en el desempleo.
Y también, le guste o no, pierde el alcalde, que pareciera actuar llevado más por mal encaminado sentimiento extrañamente revanchista que por un auténtico sentido de justicia y orden. Lástima de capital político.