¿Qué es el pueblo?

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¿Qué o quienes constituyen ese grupo del que tanto se habla hoy en día?
Lo escuchamos tan seguido y en cualquier argumento, que se ha convertido en un término confuso.
El latín “populus” lo define como el conjunto de personas de un lugar, sin embargo su concepción ha evolucionado en el ámbito político en algo muy distinto.
En el consenso actual, se aplica en referencia a los sectores menos favorecidos, haciendo una distinción entre quienes lo son y los que no.
Los consensos o pactos sociales dan orden, estructura y restricciones al traducirse en leyes e instituciones.
El actual manifiesta estar en crisis y en búsqueda de generarse nuevamente, para unir a la sociedad en el contexto de mutación de valores y quiebre del modelo económico.
La noción contemporánea de pueblo como comunidad política, surge con la caída de las instituciones del “Antiguo Régimen” y la manifestación de la Revolución Francesa en la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano en 1789, decretando libertad e igualdad en derechos. Por otra parte la noción formulada en el materialismo histórico de Marx en el s. XIX, es la que casi por regla general usan los movimientos de oposición política sin distingo de ideologías o partidos, pues en ella se integra exclusivamente a las clases trabajadoras y sectores que la apoyan, que en la dialéctica de la lucha de clases se oponían a la dominante.
Más allá de revisiones históricas o estrictos debates conceptuales, es importante tener claro qué o quienes constituyen la unidad, conglomerado o conjunto que constituyen al pueblo.
Por ello la pregunta con que se inicia, debemos plantearla a manera de reflexión personal para clarificar la dimensión e implicaciones de lo que es “ser pueblo”.
La propuesta es a no caer en la trampa retórica de ser clasificado para facilitar la aplicación de estrategias políticas, que como hemos señalado, generalmente son de posturas antagónicas que buscan acceder al poder haciendo uso de la dialéctica de “pueblo” vs “no pueblo”.
La invitación es a reivindicar la noción de ciudadanía, que nos da derecho de igualdad, libertad y la posibilidad de participar en la toma de decisiones de la actividad pública que constituye lo que llamamos política. Esta noción sólo podremos entenderla y ejercerla entendiéndola como ejercicio de autoayuda colectiva. Progresemos de la vetusta visión de ser pueblo por pertenecer a cierta clase social y movilicemos nuestro derecho a participar mediante la construcción de ciudadanía.
En el replanteamiento del sistema económico y de valores, está el punto de partida.
Seamos ciudadanos, más que simple conglomerado.
Generamos más debate de ideas y menos bullicio improductivo.
Hagamos ciudad construyendo ciudadanía
El que denomina, domina. J. C. Monedero