¡Llegaron los reyes!

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Las gordas también…
Karla Sansores

Los Reyes Magos llegaron hoy. Llegaron durante la madrugada. Los niños pequeños, aún con su inocencia, reciben sus regalitos con tanta ilusión que contagian a los adultos.
Es por eso que continúa la tradición que algunos tildan de “mentira”.
Al fin y al cabo así son muchas de las ilusiones que vivimos durante toda nuestra vida:
Primero tener fe ciega en la llegada de tres hombres que nos van a dejar juguetes y otros regalos.
Un poco más grandes, nos ilusionamos con los noviecitos y empezamos a creer en el amor.
Creemos en la juventud que pudiera ser eterna y creemos en el futuro, estudiar para tener un título y una profesión. Creemos que tendremos un trabajo satisfactorio y tiempo para todo.
Creemos que nuestros matrimonios serán llenos de dicha y que nuestra pareja no será capaz de traicionarnos. Creemos que nuestro entorno familiar será eterno.
Confiamos en que tener hijos será una bella aventura y que nos veremos como las mamás de la televisión.
Creemos en nuestras religiones y creemos en los candidatos cuando están en campaña, que las cosas van a mejorar y a ser felices, que no va a haber más inseguridad ni desempleo.
De eso se trata la ilusión y la esperanza , por eso no concibo que existan esas personas que quieren quitar a los niños la ilusión de los Reyes Magos.
Lejos de ser una simple mentira, la leyenda de los Santos Reyes es muy linda.
Permite a los niños soñar, esperar. Aprender a recibir y que, aunque no sea lo que esperaban debajo de sus camas o del árbol de Navidad, alguien (aunque unos digan que es imaginario) se acordó de que uno es alguien especial.
Además, los Santos Reyes nos ayudan a formar a los niños, no a través del castigo pero sí a partir de un sistema conductual mediante recompensas.
¿Qué más nos enseñan los Reyes Magos? Nos enseñan a compartir con los que menos tienen, a ser agradecidos y a esperar siempre lo mejor.
Esta columnista, se emociona cada 5 de enero antes de dormir, pese a que ya supero los 30 años, me acuesto con la esperanza de que aparezca algo para mí.
Y siempre, siempre, hay algo. Entonces, cierro los ojos y pido al cielo: paz para cada ciudad del mundo, pan para cada hogar, techo para cada familia, felicidad para cada niño.
Yo les pido, estimados lectores, que continúen las tradiciones, aunque los niños crezcan, aunque ya no crean en los Reyes Magos, a que sigan poniendo en los zapatos de sus familiares aunque sea un dulce, porque vivir con esperanza es la mejor forma de tener buenos seres humanos en este México que tan lastimado ha sido en lo más valioso que tenemos: los niños.
No deje que se escape de ellos la inocencia y la infancia, ahora que tienen cerca la televisión y las redes sociales en las que la violencia y material pornográfico sobreabunda, mejor es darles un día de volver a ser pequeñitos. ¿verdad que aquí sí aplica aquel dicho: la esperanza es lo último que muere?

GORDITOS Y BONITOS
Y pues como cada que puedo, les recomiendo dar a sus niños además de juguetes y dulces, un libro. Para alimentar el alma, el conocimiento y su imaginación. Les recomiendo en este día tan especial:
Para niñas adolescentes: “Mujercitas” de Louisa May Alcott; para chicos menores de 12 años, Cuentos de Buenas noches para niñas rebeldes, de Elena Favilli o Cuentos para niños que se atreven a ser diferentes de Ben Brooks, para los más chiquitos, llévelos a escoger. Y si tiene un niño grande, dele alguno del autor Etgar Keret.
Finalmente, lo más triste: Se acabaron las vacaciones y mañana, de vuelta a las aulas.