Improvisados llegaron a cargos públicos producto del enojo social

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Lo más grave de la ineficiencia que Fernández Montufar está demostrando como primer edil del Ayuntamiento de Campeche.

Así es Campeche, las cosas como son
Gerardo Romero Olivera

Muchos son los que pretenden y buscan llegar a un cargo de elección popular y, para lograrlo, son capaces de lo que sea para obtenerlo. En campaña todos simulan tener la capacidad para resolver los problemas que aquejan a la población. Todos los candidatos “prometen el oro y el moro” y dicen tener la solución para gobernar mejor. Pero el prometer no empobrece y cuando llega la hora de la verdad y resultan favorecidos con el sufragio para llegar a la meta ambicionada, en ese momento la realidad hace que el funcionario electo empiece a buscar pretextos para echar abajo sus promesas de campaña y justificar su ineficacia ante quienes lo eligieron, acusando a quienes lo antecedieron en el cargo de “ser los culpables” de “no poder cumplir sus compromisos”.
Vendedores de “espejitos” abundan en la política, lo he escrito hasta el cansancio y parece que hoy más que nunca a los electores no les importa quien llegue a un cargo público. Los antecedentes de quienes aspiran alcanzar una posición de poder no son ya referente para quienes tienen la decisión de elegirlos en las urnas. Da lo mismo que llegue un iletrado que alguien con la preparación necesaria para acceder a un cargo legislativo o de gobierno. El pretexto que tienen muchos ciudadanos para elegir al azar a un diputado, presidente municipal, a un gobernador o a un presidente de la República es que “no queremos que sigan los de siempre”. Lo malo de tales decisiones “tomadas con el hígado” es que el costo de una mala elección la pagamos todos y no hay marcha atrás para enmendar el error.
El primero de julio de 2018 fue, en la historia contemporánea de México, la jornada electoral en el que muchos mexicanos y campechanos no quisieron razonar su voto y ni siquiera pusieron en la balanza que candidatos a cargos públicos eran menos malos o menos peores para darles su voto. No, millones de electores solo tacharon en las boletas una sola popción partidista representada por Andrés Manuel López Obrador, que fue MORENA, cuya fuerza favoreció a candidatos de ese partido impreparados para legislar y gobernar que se colgaron de la figura de AMLO y de sus “promesas de campaña” que ahora muchos de estos políticos morenitas niegan haber hecho y fingen amnesia cuando se les pregunta al respecto.
Pero en fin, ante lo hecho pecho y muchos de quienes hoy expresan arrepentimiento por haber emitido su voto por MORENA no tendrán otra oportunidad para enmendar su decisión hasta dentro de tres o seis años, si la vida les alcanza de llegar a estos nuevos procesos electorales. El problema es que cada día que pasa, cada yerro político lo pagaremos con creces todos y el daño colateral que reciba el país podría sumirnos en un grave atraso del que quizás en 30 o 50 años difícilmente México pueda recuperarse. Está claro que la clase política que fue echada del poder en las elecciones del 2018, provenientes del PRI y del PAN, no eran un dechado de virtudes y durante los más de 80 años que compartieron el poder enraizaron la corrupción y la impunidad en la nación. Pero también está claro que quienes ahora tienen el poder político en sus manos no tienen la intención de castigar a los corruptos que criticaron tanto y que muchos de los personajes con los que cogobiernan hoy son parte de esa “mafia” que saqueó impunemente a México. No obstante, gozan de cabal salud pese a sus fechorías de antaño y exhiben su impudicia con todo cinismo.
La corrupción y la impunidad imperante en México fue el pretexto perfecto para que el viejo sistema político que tanto daño causó a la nación colapsara y una nueva camada de
participantes en la política llegue a cargos públicos, pero la gran mayoría sin tener la mínima idea de lo que era el cumplimiento de sus respectivas responsabilidades. Muchos ni siquiera cubrieron su educación básica y otros más creyeron que bajo el manto de AMLO sus deficiencias para cumplir su encomienda serían cubiertas y nada ni nadie les reclamaría sus ineptitudes que podrían ocasionar mucho mayor daño al país que la corrupción que, reitero, fue el lema de campaña por el que llegaron al cargo que hoy ostentan y que a una gran mayoría de neo políticos les ha quedado demasiado grande. Sin embargo, y aunque les cueste mucho aceptarlo, todos los inmersos en la gobernanza de México están obligados a rendir las mejores cuentas a la ciudadanía, aun cargando a cuestas su incapacidad e ineficiencia, pues no hay excusa ni pretexto para servir bien a la nación. ¿Querían lanzarse al ruedo? ¡Ahora que agarren al toro por los cuernos!