El despertar del monstruo…

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R E F L E X I O N . . . A N D O
GASPAR ARIEL HERRERA FARFAN

Leyendo un ensayo de H. R., se centró el interés de la lectura en un pasaje de esa memoria escrita que maneja con claridad el surgimiento de la política, la creación de una vocación, y claro, la generación de escuela sin examenes pero en una selectividad pública, pero manejada en lo obscurito, para formar seres capaces de destruir su propio universo.
“Crea monstruos para alimentar miedos y temores y con ello conquistarás el mundo”. La historia se desarrolla en la Acadia o en la Tersalia, o en alguna de esas regiones meridionales de la antigua Grecia, donde una horda de gigantes envidiosos, encabezados por Alicón, Alcionedes y Porfirión, intentan apoderarse del Olimpo con el objetivo de destituir a sus moradores, los Dioses de la antigua Edad de Oro. Para Dioses, Monstruos, y los golpes bajos tan solo son una muestra de lo que aún es momento fresco en las diversas actividades del hombre. Tan solo como comparación, y para tener un punto referente de donde partir, se han formado un sinfín de historias que siguen girando en remolino, en torno a la formación o deformación del arquetipo humano especialista en la construcción de monstruos y en el asesinato de la filosofía con la creación de una ética que con su perfeccionamiento se ha convertido en el más grande monstruo político, porque ¿en qué otra relación puede alguien tener un carácter monstruoso, si no es con un artificio que permite a la evolución seguir su curso en medio de la diversidad y de la diferencia?
Quienes han enriquecido el estudio de la monstruosidad en la política (teratología), en nombre de la razón, se les considera irracionales, porque quienes van en contra del hombre y sus ideas, tienen que ser completamente diferentes a ellos, aunque unos sean tan cuestionables como los otros y tan morfológicamente parecidos, lo que les da una enorme ventaja, ya que en el trayecto histórico se demuestra las adhesiones incondicionales que se critican, pero que siguen sumando adeptos convencidos en que es mejor ser monstruo, que cordero.
La respuesta a la historia empieza a caminar por sí misma; el monstruo autoritario o totalitario empieza a provocar rechazos entre aquellos que alguna vez estuvieron sometidos a ellos; el dominio se empieza a perder, haciendo recordar a aquellos alemanes que aborrecían a Hitler o aquellos comunistas que detestaban a Stalin. El cuerpo social empieza a adoptar una nueva forma para convertirse en su conjunto en un nuevo monstruo, con valor y corriendo el riesgo de que en sus entrañas anide también aquel que ha sido de siempre extensión del monstruo con que se lucha, pero consciente de que la mostruosidad se contagia, pero CONFIANDO en que habrá mejor control en un ambiente común, con todo expuesto para todos. Bueno, ese es el sueño de quien quiere conquistar el mundo sin haberse atrevido a conquistarse a sí mismo. Pero la maquinaria camina, y las lanzallamas ya están al acecho.
La divinidad legitimadora se ha dividido y ahora tan solo habrá que esperar batallas de monstruos contra monstruos, en luchas filosóficas, ideológicas y hasta de religión, pero que si se busca una respuesta para seguir acrecentando y dándole congruencia a la historia, todo seguirá siendo de forma artificial aunque, algo es algo, pues ya se empezó a notar “EL DESPERTAR DEL MONSTRUO”.

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