Devoción en domingo de ramos

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Por las principales calles del Centro Histórico se realizó la procesión, que fue encabezada por el obispo de Camepche, monseñor Francisco González González, quien bendijo las palmas.

Elizabeth Terrazas

A la voz de frases y cánticos como ¡Viva Cristo Rey! y la agitación de palmas, se llevó a cabo la procesión del domingo de ramos, presidida por el Obispo de Campeche, monseñor José Francisco González González, solemnidad que culminó con la celebración eucarística al mediodía en la Catedral, con lo que iniciaron las actividades de la Semana Mayor.
En punto de las 11:30 horas, monseñor González bendijo las palmas con incienso y agua bendita desde el atrio del Ex Templo de San José, y posteriormente inició la procesión hacia la Catedral de Campeche, donde celebraría la misa solemne del domingo de ramos.
En la procesión destacó la figura del Santo Señor Triunfante, también conocida como El Señor del Burrito, que desde muy temprana hora fue preparada para la procesión que se extendió por la calle 63, 12 y 53 del Centro Histórico para retornar por la calle 10 hasta la entrada principal de la Catedral.
Al arribar a la Catedral se escuchó el repicar de las campanas del principal templo de la Diócesis, mientras que con cantos y oraciones, los feligreses que acompañaron al Obispo en la procesión expresaron su fe y el anuncio festivo del domingo de ramos, escena que llamó la atención de varios turistas que incluso se detuvieron para tomar fotografías.
La lectura del Evangelio fue una de las más extensas del ciclo litúrgico, la lectura de la pasión y muerte de Jesucristo, leída a tres voces y en la que monseñor José Francisco González respondía la voz de Jesús.
En su mensaje, el Obispo hizo una explicación breve, pero clara sobre la importancia de cada uno de los acontecimientos de la Semana Santa, tiempo que exhortó a vivir ajenos a las distracciones mundanas y no dejar pasar la oportunidad de experimentar el camino de fe, de arrepentimiento, misericordia y plenitud que brinda Cristo a aquéllos que viven con él su pasión, muerte y resurrección.