Viajando por nuevos caminos

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UNA MIRADA AL MUNDO
FELIPE MENDOZA MILÁN

Fancisca es una mujer de 85 años, nació en Jalisco en medio de una familia pobre, tan pobre que asegura haber visto cómo su hermana falleció de hambre. Francisca decidió abandonar el hogar e irse a la Ciudad de México con la esperanza de poder tener un empleo que le permitiera vivir y ayudar a su familia; no le resultó muy complicado emplearse como servicio doméstico y comenzar a enviar algo de ayuda a su casa, los ingresos eran bastante raquíticos y ella tenía la esperanza de poder encontrar un trabajo mejor en Estados Unidos.
Ya con 16 años, una mujer mayor le dijo que en un poblado del norte de México, en la frontera con Texas, un restaurante estaba contratando meseras; sin querer dejar la oportunidad de acercarse al sueño americano, Francisca hizo sus maletas y se dirigió al norte, arriesgando el todo por el todo.
Al llegar a su destino se percató de que no había tal restaurante, solo una vieja casa donde le dieron una habitación y le pidieron que por la tarde bajara al salón principal lo más arreglada posible porque unos soldados norteamericanos llegarían a visitarlas; con plena conciencia de a qué lugar había llegado, la jovencita Francisca se dio cuenta de que estaba atrapada, no tenía ni un centavo y pensaba en su familia que dependía de los envíos de dinero que les hacía; por la tarde bajó muy arreglada a recibir a los militares. Durante cuatro años vivió en esa casa, hasta que un soldado norteamericano se enamoró de ella y le pidió que se casaran; era 1952 cuando Francisca, con 20 años a cuestas, llegaba a Nueva York, casada con un norteamericano; así se trazó una nueva vida como ama de casa, esposa, madre y ahora abuela, lo que quedó atrás quedó en el olvido.
Como Francisca, muchos de nosotros hemos transitado por etapas de una vida sumamente complicada, ingrata y frecuentemente dolorosa; en unas ocasiones esto puede ser resultado de las circunstancias, en otras lo será de nuestra libre elección y posiblemente de nuestra falta de juicio o testarudez; al final lo importante siempre será saber si tenemos la fortaleza de espíritu suficiente para cambiar.
Innumerables seres humanos iniciaron sus días con la brújula extraviada, en demasiadas ocasiones con la visión turbia, nuestros malos juicios, las circunstancias extremas o una moral relajada empeñada en privilegiar nuestros deseos.
Francisca no solo tuvo la oportunidad, sino también la valentía de dirigir sus pasos hacia un nuevo derrotero; esa misma decisión, voluntad y entereza es la que frecuentemente necesitamos.
Al levantarnos podemos arrepentirnos del ayer, mas ese arrepentimiento nada significará si no tomamos en nuestras manos las horas de hoy para construir nuestra vida por un nuevo camino. Francisca lo comprendió a plenitud.