Colosio vive

27

SIN AZÚCAR
Jorge Chi Segovia

 

El pasado sábado, los priistas de todo el país recordaron la memorable fecha en que las balas asesinas segaron la vida del entonces candidato presidencial del PRI, Luis Donaldo Colosio Murrieta, a quien a 25 años de distancia todavía se le recuerda como el promotor de una tesis política que cimbró la conciencia nacional en momentos en que México experimentaba una profunda transformación ciudadana agobiada por los excesos de poder e incumplimiento pleno de los principios constitucionales.
En lo personal, me llega a la mente el Luis Donaldo Colosio sonriente, vigoroso, con ese ánimo que caracteriza a los líderes políticos con capacidad de diálogo, sensibles y que jamás se molestan, al menos en público. Tuve la fortuna de tratarlo en dos ocasiones, en el inicio de los años 90 cuando era presidente del CEN del PRI, primero en el marco de una reunión a la que fui invitado como periodista en el Salón Presidentes de la sede nacional de ese partido.
Meses después, en esta ciudad de Campeche, en un acto proselitista en apoyo a Jorge Salomón Azar García, candidato del PRI a la gubernatura, nos volvimos a encontrar de manera fortuita. Luis Donaldo me recordó un hecho que había ocurrido en la reunión llevada a cabo en la Ciudad de México que para mí era asunto olvidado, pero para él permanecía en su mente privilegiada. Un hombre excepcional.
Ya como candidato presidencial pude retroalimentar lo que aquel hombre representaba no solo para el PRI, sino para México. Su tesis política se fundamentaba en encabezar un gobierno que estuviera cerca de la gente, donde la iniciativa popular sea el eje fundamental para el avance y el progreso social.
En muchos de sus discursos de campaña, Colosio ratificaba que quería ser Presidente de México para encabezar un gobierno sensible a los reclamos y a las demandas de las comunidades, de los barrios, de las colonias populares, desde entonces, con retos impostergables que todavía no se cumplen.
Proponía un gobierno que promoviese una economía al servicio de la gente; que invirtiera más en la gente; en educación para los niños y jóvenes. Que invirtiera más en salud. Un gobierno responsable que sirviera a todos sin distingo de partidos políticos, que escuchase y atendiera el reclamo popular.
Por sobre todas las cosas, el discurso que pronunció durante el acto conmemorativo del LXV Aniversario del PRI en el Monumento a la Revolución, el 6 de marzo de 1994, marcó para siempre el destino de Luis Donaldo. Un discurso que reflejaba la necesidad del cambo, como él decía, un cambio con responsabilidad, tanto en su partido como del gobierno, palanca que respondiera a los justos reclamos de la gente.
¡México no quiere aventuras políticas! ¡México no quiere saltos al vacío! ¡México no quiere retrocesos a esquemas que ya estuvieron en el poder y probaron ser ineficaces! ¡México quiere democracia pero rechaza su perversión: la demagogia!, decía. Colosio vive.