¿Hasta cuándo seremos el país que anhelamos?

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Así es Campeche, las cosas como son
Gerardo Romero Olivera

México cuenta con una organización política territorial, con instituciones y poderes establecidos y es una de las naciones con la mayor cantidad de leyes. Por ello resulta difícil comprender que sea uno de los países con niveles altos de pobreza y con mayores índices de corrupción e impunidad en el mundo, en vez de ser un ejemplo en la aplicación de sus recursos legales para impartir justicia, aunque se trata de una responsabilidad compartida en la que existe una carga que se debe atribuir a la sociedad en general, no solo a nuestros políticos y gobernantes. Claro que nuestras autoridades tienen la responsabilidad y obligación de preservar el estado de derecho dentro del marco legal establecido y en beneficio de todos los ciudadanos.
Desgraciadamente, en el México en que vivimos las autoridades se muestran incapaces de brindar las garantías básicas que merecemos los ciudadanos, siendo una de las primordiales el derecho a la seguridad.
Aun con el cambio de régimen que hoy afirma el presidente Andrés Manuel López Obrador se está dando en México a partir de su llegada como jefe del Ejecutivo Federal y dentro de su autonombrada 4ta transformación, el sistema político mexicano se ha visto rebasado por las necesidades ciudadanas, así como por los problemas sociales que se derivan del abuso que prevalece entre la clase gobernante.
Los gobiernos no son capaces de dotar de los servicios básicos a sus gobernados y, tal parece, que esa situación la hemos normalizado al considerar que se trata de una condición generalizada. A grado tal, que hasta nos sentimos afortunados cuando no padecemos los problemas que enfrenta una colonia vecina cuando la realidad es que no se trata de un privilegio sino de una obligación que no está siendo cubierta. Ha sido tal el incumplimiento en sus obligaciones a las que han llegado muchas de nuestras autoridades, y en este caso en específico me refiero a las municipales cuyas obligaciones recaen en los Ayuntamientos, que los presidentes (municipales) sienten que hacen un favor a la gente y al ciudadano cuando les resuelven alguna demanda pública.
En temas de violencia e inseguridad, cuando creíamos que habíamos tocado fondo, la realidad nos golpea y nos muestra que ya no sabemos cuál es o será el límite debido a que todo indica que la delincuencia organizada está más fuerte y armada que nunca, además de que las corporaciones policiacas, el ejército y fuerzas armadas se ven infiltradas y disminuidas por los criminales, pese a que ya se se inició la conformación de una guardia nacional para garantizar mejores resultados en el combate al crimen, lo que hasta el momento no se ve reflejado en la baja de los índices delictivos.
El México que hemos permitido que se edifique desde las posiciones de poder dista mucho de la nación que pretendemos creer que somos. Pese a la “honestidad” que presume un día si y otro también AMLO, con él llegaron a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial políticos de pasado oscuro (mujeres y hombres) y gente sin nociones del cumplimiento de sus funciones en el servicio público. No se diga de los gobernantes que arribaron al poder y que están lejos de ser un dechado de virtudes. López Obrador quien pregonó durante 18 años que México sería un país transformado y libre de corrupción e impunidad cuando él llegara al poder, está cometiendo los mismos errores que criticó al PRI y a la llamada “mafia del poder” que dijo combatiría y se ha instalado en una posición peligrosa de “todo poderoso” en lugar de asumir su responsabilidad legal de cumplir su papel de presidente de México.
A poco más de cien días de llegar a la silla presidencial de Palacio Nacional, Andrés Manuel López Obrador se está perdiendo en sus diarias conferencias de prensa matutinas donde descalifica a quienes lo critican y repite una y otra vez su cantaleta de que “todo va bien” y que los ataques que recibe provienen de los “conservadores” y de la prensa y de la sociedad civil “fifi”. AMLO dice que solo usa su derecho a réplica contra las críticas en contra que recibe, pero se defiende con un lenguaje violento donde descalifica y ofende a quien no piensa como él, pese a que sabe que sus palabras siguen generando encono y enfrentamiento entre los mexicanos y “alimenta” la violencia entre el “pueblo bueno y el pueblo malo”. Por lo pronto y aunque los sondeos sobre la popularidad del mandatario, según las encuestadoras, lo siguen favoreciendo, lo cierto es que ya Andrés Manuel López Obrador sintió en “carne propia” lo que es el rechazo ciudadano al ser abucheado en un lugar donde él normalmente se siente cómodo: en un estadio de béisbol, lo que se notó en su expresión nunca esperaba. Esperemos que tome conciencia de que nada es para siempre y que todo lo que sube, tiende a bajar.