La vida tras bambalinas

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Alejandro Vera Oficer
*Dos décadas dedicado a la iluminación
*Luminotécnico en Secretaría de Cultura del Estado

Desde hace 20 años Alejandro Vera Oficer se ha dedicado a iluminar escenarios; desde la cabina contribuye a crear el ambiente perfecto para la acción y desde hace nueve años es luminotécnico de la Secretaría de Cultura, ha participado en diversas muestras estatales de teatro, festivales y proyectos teatro escolar.

¿Cómo te iniciaste en esta profesión?
Cuando estudiaba me dieron trabajo en el Centro Cultural de la Universidad Autónoma del Carmen, fui 12 años jefe de foro de ese recinto cultural, atendimos obras te teatro, conciertos, exposiciones de artes visuales, conferencias. Me fui capacitando en iluminación y sonido.

¿Cuál ha sido la mejor experiencia que te ha dejado esta carrera?
Me enamoré del teatro, por una obra que se llama “Ícaro”, había una escena donde un personaje se caracterizaba con unas alas y con la ayuda de la iluminación hacía magnifica esa escena que era una de las más importantes, a partir de ahí me emocionaba mucho atender cualquier cosa que tuviera que ver con el teatro.

¿Consideras que la iluminación es parte fundamental de las puertas en escena?
El teatro es visual, se ve el momento de la persona, del títere o de la escenografía, los detalles de luz hacen que nuestra perspectiva imagine la realidad que están intento presentar los escritores y actores, por eso es fundamental en el desarrollo de una puesta en escena; puntualiza el drama, el momento.

¿Algún reto al que te hayas tenido que enfrentar?
Dentro de un festival de teatro los grupos no quisieron hacerlo adentro del auditorio sino en un set al aire libre, pero con iluminación, yo no tenía bases o estructuras; así que un día con ayuda del departamento de mantenimiento llegue con toda la infraestructura y el resultado fue muy bueno. Todos dijeron que estuvo muy padre, pero sí fue muy difícil porque las hicimos en el momento.

Alguna anécdota que quisieras compartirnos…
Fuera del teatro la gente casi no se preocupa de quien fue el que iluminó, o sonorizó, la gente solo ve el resultado, pero con la gente que ama el teatro, si me he dado conocer; cuando vienen grupos externos compartimos experiencias.
Una vez fuimos a Guatemala con una obra de teatro, ahí nos agarró un temblor, fue muy impactante porque pensamos “hasta aquí quedamos”, pero Gracias a Dios sí regresamos.