Yo, Assange o el por qué me volví un paria

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CALEIDOSCOPIO
NEFTALI HERNANDEZ

Julian Assange es un faro de los libertarios. Las filtraciones y revelaciones a través de Wikileaks evidenciaron la doble moral del sistema, del gobierno y de las instancias que se supone los vigilan, todo en aras de la libertad de pensamiento, de prensa y la más básica: del conocimiento.
Bajo el mando de Assange, la palabra Wikileaks se entiende en todos los idiomas y sirve de sinónimo para el periodismo combativo que busca que la verdad sea conocida, sin importar las consecuencias. Sin embargo, algo muy curioso pasó en el camino: Wikileaks superó a su creador… punto que era muy predecible y hasta deseado, de no ser que éste nunca quiso dejar de ser la estrella.
Assange fue, es y será un símbolo de la libertad de información. Su premisa original de dar a conocer los secretos que no deberían ser secretos es innegable y de hecho es la que todo periodista busca cumplir, pero Julian, según muestra su comportamiento, nunca desasoció la misión de Wikileaks de su persona.
Ante las acusaciones que lo llevaron a enfrentar a la justicia del Reino Unido, Assange escapó en 2012 hacia la embajada en Ecuador, desde la cual, amparado por el entonces presidente Rafael Correa (aliado de Hugo Chávez, a su vez, paladín de Rusia), Julian siguió “filtrando” información e interfiriendo desde su altar a sí mismo en los asuntos de los países europeos contrarios al régimen de Moscú. Incluso, se supo de un plan ruso en 2018 para sacarlo de la embajada de Ecuador y refugiarlo en Rusia.
El histriónico australiano se pronunció, a través de Twitter, en favor de los catalanes en su referendo ilegal, desoyendo las peticiones de sus anfitriones ecuatorianos de abstenerse de hablar sobre asuntos de otras naciones, pues ello complicaba aún más su tensa relación con el gobierno de Quito, que hoy reveló además los problemas que suponía seguir refugiando al fundador de Wikileaks, que más que víctima, ya era un victimario por su arrogancia y falta de cumplimiento a las normas.
Evidentemente, Assange violó la ley con sus revelaciones. Evidentemente, la información que dio a conocer es sensible y deja mal parados a los gobiernos “democráticos” por el uso de métodos sucios para lograr su objetivo… pero es acá donde se complica cómo realmente juzgar a Julian y Wikileaks por separado. Assange se arriesgó por cumplir con su meta, pero para ello también cometió violaciones a la ley.
Y es aquí donde viene el lado más escabroso: ¿quién ha salido en defensa de Julian Assange? Nada menos que la Rusia de Vladimir Putin: el régimen donde la libertad de prensa y de información simplemente nunca han existido, sale ahora en apoyo del personaje más incómodo para los gobiernos contrarios al régimen de Moscú.
¿Es culpable Julian Assange por informar la verdad? No. ¿Es responsable de “pasarse de listo”? Sí. ¿Wikileaks es necesario? Sí. ¿Merece Assange lo que le está pasando? No, pero tal parece que esto sólo ahondará más en su fama, en detrimento del verdadero y loable mensaje: la libertad de información.