LA MAGIA DE LA VIDA

DAVID RICARDO OJEDA

Desde que empecé a dar consultas, me he topado con una frase clásica: “Es que, doctor, padezco de los nervios. ¿Será que me pueda dar algo?”. Con honestidad confieso que al principio no entendía qué podría significar ese señalamiento, nadie me lo enseñó en la carrera de medicina ¿Qué estaría mal en el paciente? ¿Será una nueva enfermedad? Pero ha sido la mejor maestra de todas, la experiencia, quien me abrió los ojos para entender qué está realmente ocurriendo en el cuerpo de mis pacientes.

Resulta que ese “padecer de los nervios” lo dicen aquellas personas que se sienten preocupadas, aceleradas o nerviosas, integran en su mente un diagnóstico para poder explicar su sentir, pues claramente no están nerviosas, nada les está preocupando, pero sienten que sí.

Frente a esa desesperación difícil de explicar, conjugan múltiples posibles padecimientos que nosotros como médicos tenemos la obligación de resolver para pronto poder ayudar, ya que padecer “de los nervios” puede ser totalmente incapacitante como una severa insuficiencia cardíaca.

Tratemos de traducir eso de nervios a la realidad; primero, recordemos que cuando nos sentimos nerviosos significa que nos encontramos en un estado (que suele ser pasajero) de inquietud o falta de tranquilidad, quizá porque presentaremos un examen o hablaremos en público.

Los nervios pueden ser positivos o negativos, según como los tomemos, ya que son la preparación del organismo frente a algo que requerirá plenamente nuestra concentración y energía. Los nervios se generan dentro de nuestro cerebro, más aún, en las células en forma de estrella llamadas neuronas, las cuales al unirse unas con otras generan un proceso llamado sinapsis, en donde intercambian sustancias químicas llamadas neurotransmisores, como adrenalina, dopamina, norepinefrina, etc.

Muchas de estas sustancias se elevan cuando estamos nerviosos; hablemos de una de ellas, la adrenalina, la cual hace que el corazón lata más rápido, la presión se nos suba y la respiración se agite. Cuando los neurotransmisores están dañados, como en el síndrome de ansiedad generalizada, el estado de nerviosismo se mantiene alterado. Imagina tener la adrenalina alta todo el tiempo, ¡nunca nos relajamos!, haciendo que nos sintamos como nerviosos pero continuamente; es un estrés crónico que incluso puede dar dolor de cuello, cabeza o espalda y mucha irritabilidad.

Entonces, si piensas que padeces de los nervios o de estrés, quizá se trate de algún trastorno de ansiedad, no la que da hambre, la ansiedad como enfermedad que ocurre por defecto de las sustancias químicas del cerebro que regulan nuestro funcionamiento. ¿Se cura? Por desgracia no, pero sí se puede tratar para disminuir completamente los síntomas por medio de medicamentos que regulan los neurotransmisores. Como la mayoría requiere receta médica, lo mejor será que acudas a tu doctor para que la magia pronto vuelva a tu vida y esos nervios se te bajen.