Perdonar, servir, amar

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La alternancia política que se ha vivido en el país no fue indicador de cambio alguno en cuanto a la fuerza ciudadana arremolinada en torno a una persona y a un ideal.
Dicen que “no hay peor ciego que aquel que no quiere ver”

R E F L E X I O N . . . A N D O
GASPAR ARIEL HERRERA FARFAN

Cuán hermoso sería describir con exactitud cada uno de los términos, sin buscar tan solo la repetición de letras que forman palabras y se juntan en párrafos para dar conceptos mecánicos y fríos.

Los tres elementos juntos tienen más fuerza que los componentes químicos de una bomba atómica, pues están férreamente unidos formándose como algo indisoluble, único e irrepetible.

En nombre de cada uno de ellos se cometen las más grandes atrocidades y latrocinios, y lo peor del caso, es que muchas de esas cosas pasan porque tienen que pasar para que la vida siga su cauce y se le de el sentido que la costumbre ha convertido en ley.

El rico no perdona porque vive esclavizado del poder de su riqueza, mientras que el pobre no perdona porque vive derrotado por el odio y el resentimiento que han derrotado su grandeza de ser y de hacer aniquilando con ello su noble existencia. Se pierde el sentido de la convivencia cuando el servicio en un perfecto camuflage es canjeado por la obtención de prebendas particulares en nombre del sacrificio que se ríe a carcajadas de la ingenuidad colectiva.

Educación y experiencia; amar sin resabios con la bondad del saber perdonar sin recordar; de servir sin importar más que la acción que transparenta la más grande intención de abrazar con el ardiente calor de un buen sentimiento. Educación es lo que a veces se obtiene por medio de lecturas; experiencia es la que viene precisamente por no leer antes, buscando respuestas en el sentido práctico de todos los minutos de vida. Ambos bien, ambos importantes, ninguno mejor o peor.

Como punto de reflexión un hermoso relato encontrado por ahí, y que despierta acá para encontrar motivos o verdades, respuestas o valores.

LA ANTIGUA VASIJA DE CERÁMICA

“Contaba el maestro en cierta ocasión, la historia de una antigua vasija de cerámica de valor inestimable por la que se había pagado una fortuna en una subasta pública. La vasija había sido usada durante años por un mendigo que acabó sus días en la miseria, totalmente ignorante del valor de aquel objeto que a diario estaba con él y que le había servido para pedir limosna.

Cuando un discípulo preguntó al maestro qué representaba aquella vasija, el maestro serenamente le respondió: A TI MISMO; el discípulo le pidió que se explicara pues no entendía la respuesta, por lo que el maestro de inmediato prosiguió.

Escucha con atención, tú centras todo tu interés en el insignificante conocimiento que adquieres de los libros y de los maestros; sería mejor que le prestaras más atención a la vasija en que los guardas, para estar seguro del uso correcto que tú le darás”.

´Ahí se esconde una gran respuesta y no es el juego de Juan pirulero, sino la invitación a tomar del árbol el fruto que te pudiera servir de alimento, perdonando tu ignorancia ante la grandeza del tiempo que te da momentos exactos para la cauda de acontecimientos que arman el vivir.

Si lees, no entiendes y no practicas no es un fallo de los libros, o, ¿sí? Perdonar es una tarea difícil cuando se ignora el sentir del concepto de “hasta setenta veces siete”; servir es obedecer los mandatos de tu corazón y de tus sentidos en cualquier lugar y ante cualquier circunstancia; vivir es tan solo ¡PERDONAR, SERVIR Y AMAR!

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