Por mis pantalones…

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Las gordas también…

Karla Sansores

Yo recuerdo cuando era niña que una vez tomé la ropa de mi papá y frente al espejo, canté como José José.

Me gustó pegarme con el gel el cabello y hacerme una coleta para luego esconder el resto del pelo y tener un peinado muy masculino.

Con un lápiz, me hice unas cejas gruesas y patillas y finalmente, un bigote como el de Cantinflas.

Luego salí del baño y fui a mostrarle a mis hermanitos como de dos años de edad, el resultado de mi experimento.

Mientras ellos reían con el baile que les hice, nadie me dijo nada sobre mi atuendo.

No sufrí burlas de mi tía o mi mamá, ni nadie dudó a mis 12 años, de mi sexualidad por vestirme ese día como hombre.

Pero el débil hilo que une a los hombres con su verdadera virilidad, se ve en peligro de reventar cuando les quieres pintar una uña o limarla, o quizá ponerle una sombra, quitarle una ceja chueca, decirle que se bañe, que use alguna prenda rosa, “ayudar” con su responsabilidad de cohabitante de una casa en las respectivas tareas para su mantenimiento.

Esa frágil barrera que ante sus miedos se ve vulnerada, no los deja ser felices.

Pues bien, no se trata de inmoralidad ni mucho menos, el hecho de que Claudia Sheinbaun, jefa de Gobierno de la Ciudad de México, haya lanzado un discurso durante esta semana, en la que se implementó el llamado “uniforme neutro”.

Los medios nacionales, las redes sociales, todos, hablaron sobre el tema.

Sobre la falta de moral. ¿Qué de inmoral tiene una falda para un niño o una niña?

Los verdaderos prejuicios los hacemos las personas. Sobre todo las que somos más intolerantes a todo lo que sea diferente.

El uniforme neutro va a permitir que las niñas que no se sientan seguras con la falda, puedan acudir con pantalón a las escuelas sin ser sancionadas.

Está de más decir que eso les va a permitir jugar y no sentir frío. Pero no sobra decirles que tener pantalón les da una ventaja a las niñas que van y vienen solas a las escuelas.

Les da la ventaja de segundos para no ser violadas, les da la ventaja de que nadie les vea las piernas, les da el poder de sentirse más seguras porque, déjenme decirles algo que quizá muchos no saben: no hay día en que una mujer amanezca sin miedo.

Pero me preocupa que crean que si un niño decide ir en falda es algo que está mal. ¿Desde cuándo la ropa “hace” a las personas?

Los peores ladrones, los parias de esta nación han sido políticos bien vestidos, elegantemente enfundados en trajes y vestidos de diseñador que paga el pueblo que vive en la miseria.

Muchos de los violadores y abusadores usan ropa “respetable”. Muchos de ellos con el debido código social de vestir con pantalones.

Aquí cabe otra anécdota: dice mi mamá que en su primaria, uno de los niños iba siempre con vestido. Porque su mamá solo tuvo varones y quería una niña: ahora es casado, con hijos y jamás quiso ser “gay” o transexual, transgénero o travesti. Es que la ropa, no nos define ni nos da la identidad sexual.

Sí, es verdad que hay temas más apremiantes que el hecho de usar falda o pantalón, pero sigue siendo un tema necesario para tocar.

¿Y usted qué ropa prefiere?