El miedo y el horror desdibujan el rostro de millones de mexicanos

10

Así es Campeche, las cosas como son
Gerardo Romero Olivera

La delincuencia organizada en México está rebasando los límites de su crueldad y parece no importarle nada al hacerlo. El código que dicen antaño les regía de no matar a niños y mujeres, hace ya mucho que parece no estar vigente. Al contrario, son los pequeños inocentes y las mujeres quienes están hoy más expuestos a ser las víctimas de los criminales por ser las más indefensas. Más que lamentable, horrorizante diría yo, lo que está pasando en nuestro país sin que exista autoridad o gobierno que esté dispuesto a acabar con esta inseguridad que va escalando índices cada vez más alarmantes desde hace más de una década en que inició la guerra contra el narco. Confrontación estéril que solo ha servido para llenar las calles de México de casi 300 mil muertos y de miles de hombres y mujeres desaparecidos.

El miedo, el horror, día a día, es no sólo una percepción que no deja vivir en paz a muchos mexicanos de bien, sino que se ha convertido en una expresión, en una mueca, que se dibuja en los rostros de millones de personas que ya no saben lo que es vivir en paz en los territorios de la nación que dominan las grandes organizaciones criminales,muchas de ellas compuestas por ex judiciales, ex policías y ex soldados que alguna vez juraron proteger a la ciudadanía y con el tiempo cambiaron de parecer para unirse a quienes violan las leyes comerciando drogas, combustibles, practicando la trata de blancas, robando a mano armada, secuestrando y matando a quienes se cruzan en su camino solo por estar en el lugar equivocado.
Un sinnúmero de tragedias provocadas por el crimen organizado sacuden el alma y destrozan los corazones de quienes son familiares de las víctimas que caen asesinadas por las ráfagas de metralla de insensibles sicarios que ya no perdonan siquiera la vida de bebés o niños que ninguna culpa tienen de estar en el lugar equivocado. Tampoco les inmuta a estos criminales disparar a los muchachos o jovencitas; no se diga tampoco a las mujeres maduras o mayores que por mala suerte del destino estuvieron presentes cuando perpetraron su cobarde ataque contra un “objetivo” tras el que tenían la orden de aniquilarlo. Nada, absolutamente nada, conmueve a estos asesinos a sueldo que así, así de esta manera ruin, se “ganan la vida” acabando con la de otros.
Crímenes van y vienen en nuestro cada vez más ensangrentado país, dominado en buena parte de su territorio por los poderosos cárteles de la droga y por bandas organizadas de tratantes de blancas, huachicoleros y secuestradores, y no se ve para cuando existirá autoridad que los detenga y los ponga tras las rejas. Insensibles parecen quienes tiene la obligación legal de combatir y parar a los delincuentes que están sembrando el terror y el caos en varias e importantes regiones de la República mexicana. Pero además, denotan incapacidad táctica y de carencia de armamento adecuado para enfrentar al crimen. También hay que reconocer que a las corporaciones policiacas y a nuestras fuerzas armadas no les está siendo fácil cubrir sus vacantes para estar en condiciones de afrontar su lucha contra la delincuencia, pues ser policía o militar en la actualidad en México no es rentable para quienes valoran su vida y la seguridad de sus familias.
Por todo lo anterior, las bandas criminales ven despejado su camino para infundir el miedo y el horror en un México donde la gente ya no sabe qué hacer para salvaguardar la integridad propia y de sus familias, además que desconfían de la autoridad que por ley está obligada a protegerlos y no lo hacen y que en lugar de infundir respeto les infunde también miedo, en ocasiones tanto o más que los propios criminales.
Es momento de que nuestras autoridades nos rindan cuentas de qué sirven o qué tanto han servido los retenes militares y policiacos que se instalan en diversas partes del país para supuestamente frenar a la delincuencia común y organizada. Para muchos mexicanos no sirven de nada (o muy poco) más que de apariencia para justificar que algo se está haciendo contra la inseguridad,pues no se explica que con operativos de esta naturaleza transiten por las carreteras del país caravanas de vehículos repletos de criminales armados hasta los dientes y que incluso operan en total impunidad en estados como Jalisco, Michoacán, Tamaulipas, Edo de México,Tabasco,Quintana Roo y Veracruz, adueñándose de lo que les viene en gana a la vista de todos y sin que ninguna autoridad se atreva a incursionar en sus dominios.

¡Es tiempo ya, pero con carácter de URGENCIA, que el presidente Andrés Manuel López Obrador intervenga con toda la fuerza del Estado para frenar a los grupos delincuenciales que están aterrando a los mexicanos de bien y acabando con la paz y el bienestar de millones de familias que ni la deben pero que siguen siendo víctimas mortales de estos asesinos organizados! ¡Es tiempo que la Ley y la Justicia se apliquen para castigar a quienes a través del miedo y el terror quieren mantener a México “atado” a un destino incierto! En esta lucha contra el crimen no se valen más excusas ni pretextos.