La vida se canta

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Martín Pacheco
Martín Pacheco

Martín Pacheco
Cuenta con licenciaturas en Canto Gregoriano y en Composición
Es fundador de la Rondalla del Instituto Campechano, agrupación que se transforma en el Orfeón que dirige actualmente, al igual que el Coro de Cámara Universitario.

Desde sus primeros recuerdos de la infancia, el gusto por la música de su padre dejó impreso en él la fascinación por la música. Es el maestro Martín Pacheco, quien al paso de los años ha convertido su pasión por el canto en una forma de vida.

¿Cómo surge su vocación por el canto?
En casa mi padre nos inculcó el gusto por el canto fue mi padre, yo soy el mayor de tres hermanos, y recuerdo cómo su afición era comparar sus discos de grandes voces como don Pedro Vargas, Jorge Negrete, Plácido Domingo, Luciano Pavarotti… lo recuerdo, su gusto era sentarse cada sábado por la tarde a escuchar su música en la radio consola y nosotros cómo hijos ahí, a lado de él.

¿Cuándo decide hacerlo profesionalmente?
Desarrollo el gusto por la música en mi niñez y adolescencia, sin embargo ya al cursar la preparatoria se presenta la decisión crucial de saber ¿a qué me dedicaré?, y prepararme para ello.
Sigo el camino “estándar” y estudio Contaduría Pública, sin embargo, hacia el tercer año de la carrera me llega la oportunidad de pertenecer al Coro de la Catedral de Campeche bajo la dirección de padre Antonio Jiménez Casarruvias, quien abre la posibilidad para que jóvenes entren a nutrir el Coro de la Catedral, y posteriormente la Escuela de Música “Fray Angélico”, de la cual surge la actual preparatoria.

Termino la carrera de Contaduría Pública y la ejerzo un par de años cuando de nueva cuenta la música “toca a la puerta” con una invitación en 1990 de cursar la Licenciatura en Música en la Escuela Superior de Música Sagrada de Guadalajara, de la cual egresó con dos licenciaturas en Canto Gregoriano y en Composición.
Actualmente incluso mis dos hijos, están conmigo en los coros que dirijo, aunque estoy claro que ellos elegirán el camino de su vocación con total libertad.

A mi regreso de Guadalajara a Campeche, por motivo familiares, el padre Antonio Jiménez recibe otras encomiendas de su ministerio sacerdotal y me da el alto honor de dar continuidad al Coro de la Catedral con el que estuvo al frente hasta el 2005; en 1995, por invitación de la maestra Martha Medina del Río se incorpora al Departamento de Cultura del Instituto Campechano donde forma la Rondalla del IC y a partir del 2007 a la fecha, retoma el Orfeón del Instituto Campechano, en su segunda época; y a partir de ese momento es un devenir de oportunidades que me han colocado actualmente al frente también del Coro de Cámara Universitario y el Gran Coro Campeche.

¿Ha valido la pena?
Definitivamente, siempre refiero a la frase de Fiódor Mijáilovich Dostoyevski, en su novela El Idiota: “La belleza salvará al mundo”. Creo que el arte, la música en particular, es capaz de transformar al ser humano.
La persona a través del arte es capaz de reconocer que es trascendente, de su valor, le da una conciencia de su dignidad y la del otro. Quien disfruta y practica el arte, entra en contacto con la belleza, que son la verdad y la bondad; y belleza, estoy convencido es lo que necesita nuestro mundo, hoy más que nunca.