La alternancia política que se ha vivido en el país no fue indicador de cambio alguno en cuanto a la fuerza ciudadana arremolinada en torno a una persona y a un ideal.
Dicen que “no hay peor ciego que aquel que no quiere ver”

Cuando todos están bien…

GASPAR ARIEL HERRERA FARFAN

La alternancia política que se ha vivido en el país no fue indicador de cambio alguno en cuanto a la fuerza ciudadana arremolinada en torno a una persona y a un ideal. El desplazamiento del PRI por el PAN, fue considerado un hecho casual y fortuito originado por el carisma de un candidato, que se convirtió en su partido, y posteriormente, por alguien que enarboló la bandera de acabar con el cáncer delicuencial de la nación convirtiendo a la geografía mexicana en un campo de batalla general, que hasta el día de hoy, no puede cerrar las puertas a la inseguridad y a todo tipo de delincuencia. Sin embargo, se dice y se comprueba que las oportunidades son únicas, y tras recuperar con una super campaña y un candidato a modo, el bastión nacional, bastaron seis años para hacer una reacción en cadena en el pensamiento de los ciudadanos al hacer una demostración colectiva en las urnas , de una División Spancer a la mexicana al ubicar al candidato del Movimiento de Regeneración Nacional, como un monstruo para el Gobierno de un país aniquilado, explotado y fragmentado , pero a diferencia de la primera alternancia, ahora esta el compromiso de cada votante de ser y estar al servicio de la Nación con su Presidente para la recuperación de su país.

Giovanni Sartori en su célebre “Teoría de la democracia” señala que “las ideas de los ciudadanos son sus propios anteojos”, y es ahí en ese concepto donde se desencadenan todas las conjeturas y reflexiones acerca de que “lo que uno ve y lo comparte con otros, es lo que al final se convierte en la historia para todos”; ¡Eureka!, Ahí puede estar la tan buscada respuesta sobre este fenómeno que cuida, protege, defiende y no acepta errores, sino todo justifica. ¡Quien ayer fue el Invencible, es ahora el verdugo de una debacle que estaba ante la vista de todos, pero no existían los lentes ciudadanos! ¿Será que eso empiece a ser esa consecuencia que se esperaba como transición política del autoritarismo a la democracia?

Dicen que “no hay peor ciego que aquel que no quiere ver”, y si se tienen consecuencias tan marcadas en un camino que a todas luces requiere ser reconstruido con la conjugación de ideas que lleven con solidez a la unificación de acciones, entonces porqué seguir caminando por los mismos senderos conocidos y plagados de vicios, peligros, alimañanas y ambiciones personales, que tan solo demuestran que se carece del más leve conocimiento acerca de un Plan de Acción Político que comience con una convivencia armónica que genere confianza no tan solo para crear de nuevo sino para recrear de manera más sólida, los caminos para una recuperación total, que demuestre que se obtuvo la madurez, para saber lo que se es , lo que se tiene y lo que se quiere, porque todo se puede cuando se tiene la confianza en uno mismo.

Cuando todos están bien, los barcos navegan en mares en calma, sin embargo, los capitanes se olvidan de las divergencias, los puentes , los abismos, que separan la verdad de la mentira, el diálogo productivo por el minuto de visita que se convierte en la fiesta del ego, en la aceptación de la injusticia que se pregunta: ¿CUÁNDO TODOS ESTÁN BIEN?, ¡Si el pastel es tan solo para algunos!