Quien gobierna bien, solo cumple con su obligación. No nos hace un favor

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Así es Campeche, las cosas como son
Gerardo Romero Olivera

Los políticos hoy en día creen que además de pagarles más que bien por lo que hacen en el cargo que ejercen, merecen aplausos y genuflexiones del ciudadano. A muchos se les ha olvidado que la práctica de la política es servir a la gente desde la posición de poder en la que se encuentren. Que el papel que cumplen ante la sociedad y el pueblo es para que resuelvan problemas y mejoren la calidad de vida de la gente y no para que se sientan indispensables y todopoderosos. Es tal la distorsión mental en la que actualmente viven los políticos en relación con sus deberes que piensan que están haciendo un favor cuando solucionan alguna demanda pública y echan en cara las horas que trabajan, llegando al colmo de victimizarse aduciendo que hasta dejan a sus familias e hijos por cumplir con sus bien remuneradas labores, sueldazos y prebendas que la mayoría de los mexicanos nunca veremos en vida, mucho menos ahora que transitamos en una etapa de “cuarta transformación” donde el presidente de la República, Andrés Manuel López Obrador, le pide a todos sacrificar riqueza y “disfrutar” de ser pobres. Pero esto no aplica en sus hijos y su familia que, ellos sí, visten y viven a todo lujo, gozando sin remordimientos de las canonjías del poder presidencial. Entonces ¿de qué cambio estamos hablando?
Gobernar bien, con eficiencia y resultados, ya no digamos con honestidad que sería mucho pedirles a los políticos de hoy: es como querer que el Olmo dé peras; es lo menos que deben cumplir los presidentes municipales y gobernadores (al igual que el presidente de México), con la gente que los eligió para el cargo y también para quienes no lo hicieron. Deben ser los gobernantes los primeros en cumplir la ley y respetarla en sus hechos, aunque parece ser que una gran parte de quienes ostentan estos cargos privilegian solo el poder por el poder y poco les importa ejercer su mandato dentro de un verdadero estado de derecho. Y es que la silla del poder, como diría Emiliano Zapata, enloquece a los hombres y mujeres que en ella se sientan y los hace olvidar su deseo de servir al pueblo. Gobernantes mesiánicos, soberbios,prepotentes y pagados de si mismos es lo que más abunda en nuestro país. Todo aquel que llega al poder siente que todo lo sabe y que ninguna de sus equívocas acciones se le deben de reprochar. Solo quieren y exigen aplausos, pues en su idea de sentirse reyezuelos confunden a los ciudadanos con súbditos, pero hay quienes hasta “iluminados” se sienten en la política y no admiten reclamo alguno:!Ya,ya,ya! Sólo exclaman cuando el pueblo le quiere hacer ver que están equivocados.
Después de haber vivido una lamentable etapa de políticos y gobernantes corruptos, ésta dió como resultado, después del primero de julio de 2018, a una clase política de ineptos e improvisados (sigue la corrupción disfrazada) que hoy en día ejercen sus cargos. La nueva etapa que toca vivir a las nuevas generaciones de mexicanos (y a quienes los antecedemos y seguimos con vida) parece ser una donde los gobernados tenemos ya prohibido expresar nuestras opiniones sobre el mal actuar de un gobernante, so pena de ser callados por el propio mandatario en turno o por sus favorecidos incondicionales. Ya no se diga de ejercer nuestra libre expresión en las redes sociales, haciendo ver los errores de quienes nos gobiernan, porque enseguida salen los bots a defender lo indefendible y a quienes les pagan por sus servicios. Poco a poco, en México, las voces críticas van siendo silenciadas, no solo por la amenaza cobarde, sino por manos criminales que acaban con la vida de periodistas y luchadores sociales que han puesto al descubierto a malos gobernantes,
mismos gobernantes corruptos que reciben el perdón presidencial de Andrés Manuel López Obrador, sin que tengan siquiera que reintegrar a la nación el dinero malhabido del que se apoderaron de las arcas públicas, lo que es una grave ofensa y un grave desencanto para los mexicanos de bien que esperaban castigo y cárcel para estos ladrones del erario.
Andrés Manuel López Obrador, tiene hoy ante sí la enorme responsabilidad de demostrar no solo que su honestidad no es parte de un viejo discurso, sino que gobernará con eficiencia y buenos resultados. Debe demostrar asimismo que sí tiene un proyecto de nación y que no toma decisiones en base a ocurrencias. AMLO no debe de hacer oídos sordos a las demandas del pueblo. No debe de sentir que las encuestas a su favor le dan el derecho de hacer lo que le venga en gana, pues más temprano que tarde se puede romper ese hechizo que lo hace sentir hoy inmaculado ante una mayoría de los mexicanos que luego puede manifestarse en su contra, dependiendo de los resultados tangibles que arroje su gobierno. AMLO y quienes hoy gobiernan los estados y los municipios de México deben tener presente que gobernar bien y de acuerdo a las leyes es su obligación y no un favor que nos hacen a los ciudadanos.