La pelusa que molesta

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Las godas también…
Karla Sansores

En casa de mi madre hay una gata siamesa. La gatita se llama Pelusa y llegó para “sustituir” el espacio que dejó Peluso, el gato que vivió 14 años en nuestro hogar, fue empujado por un cachorro canino a un pozo y el pobre, ya no pudo salir.

Ahí en el fondo, quedaron sus años de servicio a la casa y, para renovar el espíritu de la casa, que también había perdido la alegría pues mi abuela acaba de partir.
Pelusa llegó pequeñita y todos jugaban con ella, mi mamá le compró una camita, sus platos, sus croquetas, su collar. Mi hermano y sus niños jugaban con ella.

Con los meses, Pelusa ha crecido bastante y durante unas semanas estuvo en otro hogar donde tuvo y creció a sus bebés (nos ganó y al llevarla a esterilizar ya iban a nacer los mininos), al recuperarse llegó a casa de vuelta. Pero Pelusa cambió y ahora se sube a la mesa por comida, araña todo y se hace pipí donde le viene en gana y pone a todos de cabeza porque hay una bebé que gatea ahí y todos quieren la casa impecable.

Pues bien hay dos soluciones para la vida de Pelusa: se va de casa o la hacemos cambiar sus malos modales.

Porque, aunque Pelusa es preciosa y deja muchos beneficios en una casa, como aplacar la fauna nociva (dígase ratones, grillos, cucarachas, iguanas y culebras), ya nadie ve en Pelusa las cosas buenas sino todos los defectos que ella tiene.

Las personas negativas no aportan y en lugar de sumar, restan. Yo entiendo que estamos ahora como humanidad en un proceso de cambio, de aprendizaje, de enseñanza mutua, de respetar, de lograr cosas que por muchos años se nos había negado a las mujeres.

Entiendo en el compromiso del feminismo que debemos nosotras mismas, por las vías pacíficas o violentas, buscar abrir los caminos y si por la buena no se puede, será con las armas que podamos, desde escribir columnas, arrojar bombas, manifestarnos e incluso, usar nuestros cuerpos para la denuncia.

Y aunque no es nuestra obligación, aunque no nos compete, debiéramos estar abiertas a enseñar a los hombres lo que está mal. Ellos y nosotras, hemos crecido en sociedades tan machistas e insensibles a la violencia que normalizamos muchas cosas.

Y no, no estoy justificando a los hombres-machos, que nos agreden, insultan, nos matan y violan, pero muchos de ellos están tratando de romper su molde y están en el conocimiento de sus masculinidades. Necesitan explicación del por qué están mal antes de una crítica.

Los hombres son como esa Pelusa que incomoda en casa por no comportarse como debe, la mayoría de las veces, en el desconocimiento de lo que está mal.

Tenemos dos caminos: criticar todo lo que veamos mal, agredir, pelear contra ello. Entonces nada cambiará. ¿Qué va a pasar con Pelusa si se va a otra casa? Ella seguirá haciendo pipí donde quiera y subiendo a la mesa por comida, arañando y destruyendo todo. Pero si le enseño, si le busco una solución, si le educo, esta gatita se va a acoplar en casa.

Pero ellos no tienen la ventaja de saberlo. Solo siguen, como la Pelusa, incomodando en la casa.