Kilos mortales

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Las gordas también…
Karla Sansores Montejo

En varias ocasiones les he contado que soy obesa y que parte de esas condiciones me llevaron a ponerle por nombre “Las gordas también” a este espacio que es suyo y mío.

Y en este discurso moderno de “aceptarse tal como somos”, incluye el de aceptar que somos obesos o gordos. Sin miedo y sin odio, con conciencia de nuestros cuerpos y nuestras realidades.

Entra la controversia de la salud, de si ser gordos nos va a matar si es saludable o no y las críticas las vemos por todos lados, enfrentamientos entre los que apoyan la delgadez y los que apoyan las “lonjitas”.

No se trata de una cuestión de estética porque incluso, variaría de cultura en cultura y de periodos históricos, donde la robustez significaba poder y riqueza.
Aceptarse tal como uno es, es saber las consecuencias que conlleva saber tus errores y virtudes y de eso dependerá mucho la salud más importante: la mental.

Ser gordo, implica tener la capacidad, primero, de asumir el riesgo que se tiene de morir por ser obeso: los triglicéridos, el colesterol, el hígado graso, el infarto, la hipertensión, la diabetes y muchas enfermedades más.

Ser delgado también… porque aún sin importar cuántas horas se pasen en el gimnasio, en el nutriólogo o en los hospitales, todos vamos a morir.

Claro que la calidad de vida que se tiene siendo delgado y deportista es mucho mejor que la de un obeso que empieza a padecer muchos achaques antes de tiempo.

Al asumirse como uno es, gordo o flaco, feo o guapo, entonces comienza un camino muy importante hacia la felicidad.

Es verdad que en Estados Unidos se hacen tallas cada vez más grandes, que México ya va por ese camino de la moda para personas de tallas plus, y esta industria puede estar ayudando a las personas a no sentirse mal por padecer obesidad.

Cada día hay modelos más lindos que los simples pedazos de tela gigantes para cubrir los cuerpos mórbidos.

Si ya se ha asumido que se va a morir por consecuencia de los pésimos hábitos alimenticios, hay dos caminos: quedarse así y asimilar el problema con su duro desenlace o cambiar por completo, bajar esos kilos, ir al gym, ser lo más saludable que se pueda, lograr la meta y mantenerse ahí.

No hay términos medios y ¿sabe qué? Ambos están bien y son saludables. Lo que no es saludable es vivir en una sociedad que critica al que está muy delgado y al que está muy “gordito”, ni tampoco es saludable etiquetar a las personas por los kilos que carga su cuerpo.

Ojalá seamos capaces de fomentar, antes de ver los kilos y tallas, apoyo a las personas, comportamientos amables, tolerantes, incluyentes, porque antes de ver a una persona por su gordura, quizá debiéramos ser empáticos y enseñar a los niños la empatía, detrás de cada kilo de una persona obesa, pueden haber historias de soledad, depresión, abandono, abuso, dolor, que se están curando con la comida.

Sería hermoso que en lugar de criticar al obeso que sufre, le ayudemos a saber que no es en la comida donde está el refugio sino en el poder afrontar las barreras y obstáculos donde la solución va a llegar, si a todo el sufrimiento le suman el “bullying”, lo único que se puede lograr es un obeso deprimido, enfermo y hasta suicida.

¿Le preocupa la obesidad de la población o el suicidio? Quizá la inclusión es la clave para erradicar las enfermedades que están acabando con los mexicanos: la obesidad, la misoginia y el suicidio.