ESCRITOS

JORGE ESTEBAN CHAY VALLADARES

El gran contraste de creer y construir se encuentra en el discurso mediano en el que sobran intenciones y voluntades contrapuestas en el actuar, corrompidos por los intereses y favoritismos de quienes debieran construir una democracia competitiva.

Esta etapa en la historia de nuestro país declara la voluntad del pueblo de participar y romper esquemas de poder predominante: sin dedazos, sin destapes, sin candidatos de unidad sin previa competencia y todo aquello que caracterizó el influyentísimo político del pasado. Es el momento de transformar la política, de cambiar sus formas y modos de ejercer el poder y ser verdaderos demócratas favoreciendo escenarios de competencia política que permitan a los ciudadanos elegir sólo entre el compromiso y responsabilidad social de cada actor político.

Que no nos asuste la competencia, es necesaria para hacer realidad las transformaciones sociales en cada lugar del país. ¡Basta de las simulaciones! Porque se condenan el crecimiento y desarrollo de los municipios y sus estados enteros, cambiemos paradigmas y dejemos de creer que los años y privilegios cuentan para aspirar, en cambio hagamos que el trabajo comprometido sea la única posibilidad real de competir.

La credibilidad no se gana con imposiciones, la sociedad clama “Democracia” y en la participación se encuentre la única ruta para construir un cambio verdadero. La oligarquía corrompe nuestro régimen y el autoritarismo se acentúa en las decisiones alejándonos de una democracia real.

Aunque todo pareciera imposible de cambiarse, en una sociedad nada es permanente ni sus gobiernos, ni sus formas. Nuestra participación política debe asumir el compromiso por democratizarla, de hacer que la voluntad colectiva no solo legitime sino decida siendo verdaderamente representada.

Los ciudadanos reconocen a quienes vienen de casualidades impuestas y quienes surgen del esfuerzo, los primeros han demostrado no dar resultados y los segundos se han rendido muy fácilmente. Como ciudadanos debemos orientar el cambio decidiendo por la convicción de cada lucha, pues hay quienes surgen en periodos electorales a esos hay que despedirlos. También comprender que no se trata de esperar participación sino de crearla, dejar de vernos como espectadores y ser actores sociales que construyan.

Que nos digan soñadores y todos los adjetivos que gusten, el presente requiere de demócratas auténticos, de señalamientos reales del acontecer. No todo es maravilla, pero tampoco hay problemas sin solución, creamos que podemos y debemos ser más quienes luchemos por realidades más justas y tener claro: “construimos todos en la pasividad y pesimismo, pero solo en la participación se encuentran los verdaderos transformadores”.

En lo alto pareciera dejar de escucharse y comenzarse a soñar a la ligera, olvidándose de su gran responsabilidad con la historia. El país necesita comprender que nadie nos regalará el cambio ése que tanto anhelamos nos corresponde a cada uno construirlo.