Hipocampos y memorias

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Las gordas también…
Karla Sansores

Hay un largometraje que vi recientemente, se titula “La danza del hipocampo”, realizada por la cineasta Gabriela Domínguez Ruvalcaba, es un material producido con otras filmaciones de super 8 y 8 mm, con grabaciones caseras familiares.

Esta técnica es conocida como Found footage (metraje encontrado) y se usan imágenes “encontradas” a diferencia de “creadas” expresamente para una obra.

En el cine documental, e incluso en los noticieros, es común que se utilicen imágenes de archivo para ilustrar algo: un evento histórico o la moda femenina en cierta época, por ejemplo.

Es una especie de collage en el que se mezcla la realidad a través de las imágenes para narrar un hecho, y en voz en off, se relata lo que sucede, ilustrando con esos fragmentos visuales.

Además de que puedo recomendar “La Danza del hipocampo” como una película que da mucho para reflexionar, también puedo decirles que el cine sana.

La música, la pintura, la escultura, tejer, costurar, escuchar o producir música, cantar, sana. Todo en esta vida sana. Hasta llorar es un bálsamo que sana el alma.

En ese sentido, el cine tiene un valor muy importante porque es capaz de llevar al espectador todos los tipos de arte, el fin será diferente siempre, para sanar el alma, para reír, para distraerse, para enojarse, la denuncia misma.

Pero me doy cuenta que hay materiales que te llevan a la introspección y por ello, estoy convencida de que el arte (el quehacer del hombre) es el vehículo más hermoso para vincularnos como seres humanos. Es lo positivo en este mundo de caos, de golpes de estado, de hambruna, de asesinatos y violaciones, de violencia que nace en los hogares y terminan en guerras entre los pueblos. Las razones siempre, siempre, serán estúpidas.

El filme de la productora Chiapas Gabriela Domínguez, lleva al espectador, a través de su relato, a pensar en la memoria, ese pequeño tesoro escondido en el espacio vacío de nuestros cerebros, que son los recuerdos.

Plantea la pregunta: ¿cuáles serían los siete recuerdos que seleccionarías en tu mente?

Los siete recuerdos que comprenden tu vida.

Los siete recuerdos que te han marcado.

Los siete recuerdos que definan tu persona, tu historia.

Elijo siete:

1.- Las palabras y el abrazo de mi abuelo para recibirme, que en mi cabeza se dibujan con colores brillantes, olores a hierba, a calor, a monte.

2. Elijo los días de lluvia y olores a elotes sancochados de mi abuela, esos pequeños fragmentos de vida, recortados, en los que la veo cocinando y criando a sus animalitos. Esas diapositivas en las que la veo alejarse con paso firme y rápido. Esa grabación en la que me recuerda llevar un suéter pese a que fuera la temperatura sea de 40 grados.

3. Elijo a mi tía cocinando y platicando conmigo, bailando y viendo el televisor. El abrazo para mitigar el llanto. El acompañamiento para la vida.

4. Elijo las manos de mi madre en una tarde de verano, en la siesta tomada en una habitación fresca, escapando del calor. Esa diapositiva que me muestra unas manos de uñas rojas, largas, perfectas. Su aroma, la textura de su piel blanca. No son sus manos, es el sentimiento de protección.

5. Elijo el abrazo, las pláticas compartidas en la habitación con mi hermana. Somos una misma raíz.

6. Elijo el abrazo sincero de mi esposo, el primero, el que me dio miedo y ahora es el puerto de mi vida. Lo elijo a él, compañero de mi vida.

7. Elijo los momentos en que conocí por vez primera, como un racimo de recuerdos, a los hijos de mis hermanos. Los sobrinos son la segunda maternidad.

Es difícil, los recuerdos son mucho para construirnos como personas. Pero detrás de cada uno, existen las historias, las personas, tantas cosas que nos mueven por dentro.