Querer y perseverar

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Rodrigo Rodríguez
Rodrigo Rodríguez

Rodrigo Rodríguez

Inspirado en ejemplo de trabajo de su padre, Víctor Rodríguez Rivero, el pianista formado con esfuerzo y disciplina con grandes como la maestra María Elí Sosa, de la Orquesta Sinfónica de Yucatán.

Sentado frente al piano y tocar la melodía, Rodrigo Rodríguez Cajún logra evocar pensamientos y recuerdos a quienes le escuchan, una recompensa que como artista considera fruto de su esfuerzo y disciplina para dedicarse y vivir de la música.

¿Cómo surge tu vocación?
Lo traigo en las sangre. Recuerdo los viajes a Calkiní de donde es parte de mi familia, cuando mi papá iba tocando la armónica y yo, junto a mis dos hermanos le hacíamos coros. Sin embargo es hasta los 17 años en que decido aprender un instrumento musical, el piano, aunque en ese momento lo consideré un pasatiempo, pues tenía la equivocada idea que de la música no se podía vivir.
Estudiaba en el Centro Cultural “El Claustro” y empecé con jazz-piano, las armonías, y pasan algunos años y entonces conozco más a fondo la música clásica, de la tutoría del maestro Víctor Hugo Pérez, quien un día me presenta una sinfonía que recuerdo me estremeció al punto que lloré, y desde ese momento quedé estigmatizado por la música clásica y me intereso en la obra de genios como Ludwig van Beethoven, Johannes Brahms, Pyotr Ilyich Tchaikovsk y otros que me hacen empeñarme más en estudiar música, prácticamente ocho horas diarias.
He tenido excelentes maestros como María Elí Sosa, pianista de la Orquesta Sinfónica de Yucatán y fundadora de la Escuela Superior de Artes de Yucatán.

¿Qué te ha dado la música?
Muchas. La experiencia que brinda la música al escucharla y ejecutarla, pero también la posibilidad de enseñar, pues he sido maestro de niños y jóvenes en el Centro Cultural “El Claustro”, de la Secretaría de Cultura”.

¿Hay oportunidades en la música?
Actualmente sí. Están creciendo estas oportunidades en Campeche, pues a mí me tocó salir fuera del Estado para recibir clases. Hoy hay varias opciones como el Centro Cultural “El Claustro”, la Casa de la Música “José Narváez Márquez, el Centro de Cultura Infantil y Juvenil “La Chácara”. Es verdad que nos falta madurar, hacer crecer todas estas opciones, pero el hecho de que existen es lo importante, y más aún que se está dando un gran impulso a través de diversos programas en que la Secretaría de Cultura dota a las instituciones de formación con instrumentos musicales y maestros capacitados. Es más, puedo afirmar que de aquí a diez años vamos a tener grandes músicos en Campeche.

¿Qué aconsejas a las nuevas generaciones?
Que tengan mucha disciplina y coraje, que digan “yo puedo”, porque muchas veces creemos no tener lo suficiente para la música, que no tenemos oído musical o que las manos son torpes para aprender a ejecutar un instrumento. Se las pongo fácil y les digo que todos tenemos oído musical, todos podemos diferenciar los acentos, solo es necesario es querer y perseverar.