Se dice…

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se dice, columnistas.

Que el rostro más agradable de cualquier administración, ya sea federal, estatal o municipal, tiene un nombre: Sistema de Desarrollo Integral de la Familia (DIF). Es el área que se encarga de diferentes tipos de asistencia para los grupos que más lo requieren: niños, adolescentes, ancianos, mujeres, discapacitados, enfermos… en fin un amplio sector de la población con necesidades específicas, tan complicadas como una operación, tan necesarias como recibir alimentos, hasta tan lúdicas como participar en cursos de capacitación y valores.

Que en Campeche el papel del DIF ha sido fundamental en el trabajo de los gobernadores. Siempre las esposas de quienes dirigen los destinos del Estado han encabezado el trabajo del Patronato del Sistema DIF, y cada una le ha impuesto su sello, han mejorado los programas, han incluido nuevos, pero sobre todo, han dejado una huella que hija cambiado la vida de muchos campechanos.

Que el miércoles tocó el turno a la señora Victoria Damas de Aysa de rendir el cuarto informe de la institución, aunque ella tiene apenas unos meses en el cargo, luego del cambio en la gubernatura. Sin embargo desde el inicio de la administración, fue integrante del patronato, al que conoce desde sus entrañas. Por eso el recuento de acciones que realizó fue detallado y puntual, con el orgullo de alguien que ha sido parte de los buenos resultados que entrega la institución.

Que, más allá de las cifras, entre las que destacan la atención de más de 260 mil personas con acciones de alimentación, inclusión social, salud, fortalecimiento familiar y la promoción de los derechos, están los resultados, que en buena parte se deben al trabajo 700 servidores públicos y más de 10 mil voluntarios que a diario hacen una labor callada pero eficaz para los campechanos que más lo requieren.