¡A romper ejemplos tóxicos!

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El objetivo de las comedias familiares es divertir a los más pequeños del hogar y, cuando están bien logradas, ofrecen entretenimiento y catarsis para los padres o los guardianes en turno. El problema es cuando su contenido refuerza costumbres negativas, en lugar de aportar algo positivo para las nuevas generaciones.
Hay que ser honestos, una gran parte de las opciones “aptas para todas las edades” no ofrecen nada de valor a los adultos y en ocasiones, ni a los infantes. Hay excepciones, pero por cada cinta buena hay 20 más que dejan mucho qué desear. Solo es cuestión de ver títulos como “Emoji: La Película” (2017) y “Sherlock Gnomes” (2018), a pesar de que la primera logró superar los 200 millones de dólares en taquilla gracias a sus intensivas tácticas de mercadotecnia.
Hay creadores que intentan hacer algo mágico, como “El buen amigo gigante” del increíble director Steven Spielberg. En 2016 se esforzó en recrear el éxito de “E.T., el extraterrestre” (1982) solo para fracasar tanto en el aspecto creativo como comercial. El filme apenas logró recuperar su costo de producción con la taquilla internacional y la crítica la valoró como la peor cinta del innovador cineasta, pero uno de los problemas fue que no ofreció nada nuevo y que quizá tuvo demasiadas bromas relacionadas con flatulencias.
En cambio, el trabajo que realiza Pixar en sus cintas es un claro ejemplo no solo de calidad, sino de buenas intenciones. Sus talentos creativos invierten años con cada proyecto y salvo excepciones (“Cars” y sus secuelas), sus obras hablan por ellos mismos. “Los Increíbles” (2004), “Buscando a Nemo” (2003) y “Los Increíbles 2” (2018) demuestran una verdadera exploración que deja mella en niños y adultos por igual. Marlin no puede dejar de lado su sobreprotección, mientras que Mr. Increíble está pasando por la clásica crisis de la edad adulta y está atrapado en un empleo que odia; esas líneas argumentales son para los adultos y eso ayuda a que toda la familia pueda divertirse.
En cambio, “Hotel Transylvania 3: Monstruos de vacaciones” no es tan exitosa en ese aspecto. Incluso, la historia cae en problemas repetitivos y uno de ellos en particular es un mal ejemplo para las jóvenes audiencias: la manipulación y la mentira son tácticas aceptables.
En el primer filme Conde Drácula engaña a su hija al hacerla pensar que Jonathan es un monstruo y cuando se enamoran miente aún más para intentar romper la relación. En la segunda, vuelve a traicionar la confianza de Mavis con mentiras mientras intenta que su nieto revele poderes de vampiro, poniéndolo en peligro en el proceso. En una historia corta estrenada en cines, le da un perro gigante a su nieto a pesar de que su hija específicamente no quería que tuviera mascotas. Y ahora, en la tercera, esconde que tuvo “click” con una humana; nunca ve a su hija como una persona independiente capaz de tomar sus propias decisiones.
Las falsedades de este protagonista en particular son negativas porque nunca aprende de sus errores ni enfrenta consecuencias reales, aunque en algunos casos sí pide perdón, pero lo preocupante es que refuerza ejemplos tóxicos reales que deben ser eliminados.