Aumenta la afluencia de fieles en actividades en honor al Cristo Negro

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El Señor de San Román representa el amor de Dios para los feligreses

El Cristo Negro, Señor de San Román es un vínculo para recobrar la paz espiritual con Dios a través de la fe, resaltó el párroco Martín Mena Carrillo, al señalar que durante la primera semana de veneración, pese a las condiciones climáticas, los fieles respondieron al llamado de la iglesia.
En entrevista para Novedades de Campeche, el también rector diocesano de la parroquia del Cristo Negro comentó que las festividades se han vivido con júbilo, pues la afluencia de los católicos aumentó este año, aunque los juegos mecánicos y actividades culturales no han iniciado.
“En esta primera semana de actividades hemos visto una respuesta incluso mayor a la del 2017. Después de la misa de 7:30 de la noche, el sábado fue el día de mayor asistencia para venerar al Cristo. Pese a las condiciones sociales que vivimos, ante la confusión de tantas ideologías, la fe sigue siendo la roca firme de la cual se agarra mucha gente”, aseguró.
Dijo que por primera vez, este año se lleva el registro de las personas que participan de esta fiesta para un análisis posterior que los conduzca a enriquecer las actividades parroquiales.
En el caso de los juegos mecánicos y puestos comerciales tendrán como fecha de instalación el 29 de agosto, para su posterior verificación de Protección Civil, previo a la inauguración de la feria del domingo 1 de septiembre. Otros, como el carrusel y los carritos, ya prestan servicios a los devotos más pequeños del hogar.
“El Cristo Negro representa el amor de Dios, porque esta imagen sagrada representa lo que estuvo dispuesto a hacer por nosotros, dar su vida por la salvación del mundo. Entonces que este símbolo nos lleve a entender la correspondencia que le debemos a Dios por todo lo que hace por nosotros, los invito a que respondan el llamado de la fe, que si bien es devoción puede ser el camino que nos lleve al encuentro con el verdadero Dios”, destacó.

Información: Anabel Martínez / Fotografía: José D. Beytia