La voz de los Piratas de Campeche

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Amante de los deportes y fiel admirador de su padre, el locutor José Zapata Quijano, José Alberto Zapata Díaz mejor conocido como “Pepín Zapata, el cronista viajero” inició por casualidades de la vida hace 33 años en la operación de los controles de radio, sin saber que sus sueños de niño se harían realidad llevando la voz de los Piratas de Campeche durante 10 años ininterrumpidos y un sinfín de anécdotas como uno de los más reconocidos comentaristas deportivos del Estado. Esfuerzo, lucha y perseverancia son las constantes para lograr sus metas, mismas que incentiva en sus hijos para una vida plena.

¿Siempre supiste que serías comentarista deportivo?
Sí, siempre lo supe, lo que no sabía es si lo iba a lograr y todo lo que el mundo deportivo iba a enseñarme. Desde que tengo uso de razón crecí escuchando las narraciones de mi padre, siempre lo admiré. Lo acompañaba a la estación de radio y también a los campos deportivos y jamás me aburría, al contrario, todos los días había algo nuevo por descubrir. También participaba de vez en vez como carga pelotas o equipo deportivo con mis tíos, si no, me iba con mi libretita y compraba mi boleto y me sentaba en el campo a hacer mis anotaciones, como si ya fuera analista deportivo, así fui creciendo y aunque ahora no lo parezca también realicé mis pininos como atleta de waterpolo, tanta fue mi pasión por los deportes que ya estaba cursando mi primer semestre en la carrera de derecho y al presentarme la oportunidad de hacer lo que más me gustaba no lo dude y abandoné. A más de 30 años no me arrepiento de nada.

¿Cómo fue tu primera intervención en la radio?
En la radio fue a los 15, acompañaba a mi papá a sus guardias como operador en lo que hoy es EXAFM y el tuvo que salir un momento a los baños y yo me quedé controlando porque ya lo hacía con supervisión de él, pero ese día entró el gerente de la estación de radio y por un segundo sentí miedo de que regañaran a mi papá y a mí por usar equipo sin permiso. Hace 30 años la radio era el principal medio de comunicación en Campeche y en todo el país, no cualquiera se podía decir locutor, pero en vez de eso, el gerente me dijo que ya había notado mi trabajo y me ofreció un puesto como suplente. Mi primera narración deportiva fue cuando tenía 20 años, igual, entré cubriendo a alguien más y en un año ya no reportaba en terrenos de juego sino en la caseta de narrador, fue un gran momento porque era la culminación de mi preparación como narrador y mi licencia para poder operar, que en ese entonces eran exámenes de 500 preguntas de conocimiento general.

¿Qué significan los Piratas de Campeche en tu carrera?
Una gran experiencia, no solo por lo que se vive al interior del equipo y los ánimos que tenemos que transmitirles a los jugadores y a los radioescuchas, sino las oportunidades que te brinda estarlos acompañando en cada uno de sus juegos. Saber cuando un jugador tiene un mal día y aun así da todo en el campo, conocer a grandes celebridades, participar en otras narraciones a nivel nacional, vaya, es toda una aventura. Con ellos estuve 10 años como “narrador viajero”, es decir, transmitía los juegos desde las plazas donde jugaban hacia las dos estaciones de radio que en ese momento eran las más importantes en Campeche, la XEA y XE-CAM.

¿Cuál sería su consejo para quienes aspiran a entrar al mundo deportivo?
Si les gusta, que se arriesguen, que lo intenten las veces que sean necesarias, eso sí, buscando siempre su propio estilo. No está mal que escuchen a otros comentaristas, ya sean locales, nacionales o internacionales, admírenlos, inspírense en ellos pero no copien, este mundo es tan mágico que solo optando por ser nosotros mismos se logra distinguirse entre los demás. Prepárense, estudien porque eso también les dará las armas para desempeñar un mejor trabajo y no se detendrán en aprenderlo empíricamente como me sucedió a mí. Creo que si bien la tecnología y la modernidad nos permite lograr trabajos más pulcros y más completos también ha hecho que el oficio se menosprecie. Valoricemos nuestro trabajo y nunca dejen de soñar.