¿Cómo y cuándo inició su trayecto por el canto?
Comencé a cantar cuando me incorporé al coro de Nuestra Señora de Guadalupe a los 19 años mientras buscaba una actividad en la que pudiera distraerme. Para esas fechas coincidió con la llegada de quien tiempo después se volviera uno de mis mentores, de quien aprendí a querer y a respetar el canto, Francisco Pérez Pacheco.
¿Cuál es la mayor satisfacción que le ha brindado el canto?
Permitirme sentir y aceptar; cuando comienzas con el estudio del canto te das cuenta de que “la voz” es solo el reflejo inmediato de lo que sucede con tu cuerpo y tu mente, de modo que, hacer que eso trascienda y lo reciba un público y manifieste su aprobación por tu trabajo. Esa es la mayor satisfacción.
¿Cuál ha sido su formación musical?
Empecé a estudiar Bel Canto con el contratenor Francisco Xavier Pérez Pacheco desde los 19, después con la Mezzosoprano Sara Prado y con Mario Moo todos ellos en Campeche. En la Ciudad de México tuve la oportunidad de trabajar de forma más especializada con la Contralto Laura Echevarría además de distintos seminarios de técnica vocal.
¿En qué proyectos ha participado?
Tuve la oportunidad de presentarme en un musical (La Sirenita) con la academia de Danza “Diana Presuel”, en espectáculos escénicos bajo la dirección del maestro Jorge Castro Realpozo y en la CDMX con el estreno de la “Pequeña Misa solemne” de G. Rossini, Carmina Burana de C. Orff y “Pagliacci” de R. Lencavallo. Además del “Requiem” de Mozart, la Novena sinfonía de Beethoven y Coro en “Perfect Roses”
¿Algún artista con el que se identifique o admire?
Con Pavarotti, creo que él hizo mucho por la música académica al romper paradigmas acerca de la ópera.
¿Considera que faltan espacios para la expresión musical?
Pienso que sería bueno contar con espacios con las condiciones adecuadas para realizar cualquier actividad escénica. Más que pensar en más espacios pienso que primero hay que trabajar y mejorar con los que se cuentan.




































