Seguridad pública, prioridad

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Corrían los primeros días de administración de Alejandro Moreno Cárdenas. Persistían marcadas expectativas entre los campechanos en torno al proyecto político que había nacido 23 años atrás, que llegaba al poder para encarar trascendentales retos que, como todo nuevo gobierno, se dejaba en punto de equilibrio y se le obsequiaba el beneficio de la duda para no distorsionar buenos propósitos y claras intenciones de hacer la diferencia. De despuntar hacia el progreso.
Eran días difíciles por la crisis del hidrocarburo y la afectación del principal capital económico que mantuvo a Campeche, en más de tres décadas, con la esperanza de transformar la riqueza petrolera en bienestar. En un estado que necesitaba conservar lo bueno, pero también cambiar para ser mejor. Iniciaba de esta forma un proceso de modernidad, de transformación y de firmeza, al margen de las coyunturas políticas que descalifican todo a priori.
Se requería, entre otros principales retos, fortalecer las acciones de seguridad pública que permitieran hacer de Campeche el estado más seguro del país y garantizar la tranquilidad de los habitantes de todos los municipios, en particular de los de Carmen, a través de una agresiva gestión de recursos, una de las principales estrategias que desde el primer día de administración ha mantenido inalterable el mandatario estatal.
El gobierno entrante tenía que reorientar propósitos para evitar que el índice delictivo se incrementara, si se tomaba en cuenta que el 16 de septiembre de 2015 había recibido sólo 44 unidades policiacas en servicio en todo el estado, por lo que tenía que trabajar con los pies bien puestos sobre la tierra y reforzar las labores de coordinación con los 11 municipios, así como establecer acciones de capacitación y sustitución del obsoleto equipamiento. Y eso no se podía lograr sólo con desearlo.
En casi 29 meses de gestión, gradual si se quiere, se cumple ese propósito con resultados tangibles que garantizan a los campechanos mayor protección en esta asignatura; mayor coordinación institucional. Con mando, rumbo y dirección. Eso que no se ve pero que se alza como detonante para pasar de las palabras a los hechos. Del discurso a la acción. El gobierno de AMC ha entregado a la presente fecha 283 unidades policiacas, casi seis veces de lo que recibió; incremento que se refleja en similares proporciones en el número de elementos de la Policía Estatal Preventiva.
Lo anterior obligó literalmente replantear el status del desempeño de funciones en materia de seguridad pública, pues si se aspiraba tener buenos policías, bien pagados y capacitados; con equipos adecuados para brindar mejor atención a los campechanos, había que invertir, gestionar recursos; trabajar juntos para que la población pudiera no sólo percibir, sino sentirse segura en su integridad física y en su patrimonio. Para que pudiera caminar tranquila por las calles.
Desde la Secretaría General de Gobierno se tienden puentes de coordinación con la Secretaría de Seguridad Pública y la Fiscalía General del Estado, en busca siempre de los mejores resultados, mediante el acercamiento con los campechanos. Por ello, ha sido importante, determinante, la participación de la sociedad en su conjunto; de servidores públicos, legisladores locales y federales, así como de representantes del pueblo.
Trabajar juntos, con armonía y en equipo, es imprescindible para pasar de la protesta a la propuesta; para tener buenos proyectos y darle mejores resultados a la gente con ese diálogo abierto al que ha convocado Alejandro Moreno; con todas las expresiones, con todas la voces, con todas las organizaciones, para escuchar a todos los ciudadanos.
Para buscar siempre oportunidades y los mejores resultados, porque la ley, se entiende, ni se negocia ni se vende al mejor postor. Simplemente se aplica, y  quien esté por encima de ella va a tener que atenerse a las consecuencias y pagar por los actos que haya cometido. Se acabaron los tiempos de la impunidad y la simulación.
Está perfectamente comprendido que el de seguridad pública siempre ha sido un tema delicado, sensible, que se acrecienta cuando alguien, por muy mínimo que sea, es afectado en su patrimonio o en su seguridad personal y familiar. Es cuando surge, entonces, el enojo, la impotencia: se pone en la balanza de las vicisitudes dos pesos y dos medidas que evalúan precisamente lo que se ha hecho para dar a la sociedad soluciones a una problemática que no es privativa de Campeche.
Nadie está hablando de desaparición de los delitos en el estado; se siguen registrando, pero hoy día se cuenta con mayores y mejores instrumentos para disminuirlos, y por qué no decirlo, para eliminar la corrupción que se cierne como una amenaza en todos los cuerpos policiacos del país. Y los de Campeche, no son la excepción.