Segunda llamada para que el PRI aprenda de la derrota

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El PRI debe tomar medidas de fondo para que la ciudadanía vuelva a recuperar la confianza en los hombres y mujeres que lo dirigen y en los candidatos que emergen de sus filas para competir por puestos de elección popular. Especialmente en los que implica ejercer cargos de gobierno donde han sido muchos los priistas que le han fallado al pueblo y no han recibido el castigo que se merecen, lo que ha sido tomado como una burla por la mayoría de los mexicanos y fue la principal causa que muchos electores y militantes de ese partido le cobraran nuevamente la “factura” en las pasadas elecciones del 1 de julio pasado y optaran por dar su voto a MORENA, que con Andrés Manuel López Obrador a la cabeza se quedó con la silla presidencial y las Cámaras de diputados y de senadores, que le permitirá ejercer sus decisiones a placer y tener un control total como hace muchos años no gozaba un mandatario.
El PRI quien a partir de su fundación con las siglas PNR en marzo de 1929 fue forjando y dando paso a la instauración de instituciones que nos han fortalecido como nación y que ejerció el poder presidencial ininterrumpidamente durante 71 años, hasta perderlo por primera vez en las elecciones del año 2000 ante el Partido Acción Nacional y su candidato Vicente Fox, salió avante de su primera gran derrota y recuperó doce años más tarde la máxima magistratura del país con Enrique Peña Nieto, quien en 2012 venció al entonces candidato del PRD Andrés Manuel López Obrador que buscaba afanosamente llegar por segunda ocasión a Palacio Nacional.
En el año 2000 los priistas tuvieron tal sacudida con el triunfo panista en la presidencia de la República que muchos de sus enemigos y detractores ya daban por “muerto y sepultado” a este partido y muchos que creyeron que tal vaticinio se cumpliría voltearon sus ojos hacia el PAN pensando que su llegada al máximo poder del país se prolongaría por varias décadas. Así, muchos militantes que antes juraban y perjuraban ser tricolores hasta la cepa se deslumbraron con el color azul y abandonaron al PRI negándolo más de tres veces, buscando ser recibidos con los brazos abiertos por los nuevos amos del poder en México. Dos ejemplos de ello fueron Layda Sansores Sanromán quien con toda desfachatez apoyó al gobierno de Vicente Fox, al igual que en su momento lo hizo la ex líder del SNTE, la afortunada heredera de su ahorrativa señora madre: la maestra Elba Esther Gordillo.
El PRI pudo reconstruirse del certero golpe que el PAN y Vicente Fox le asestaron electoralmente en el año 2000 y del segundo nocaut que le propinó el partido albiazul con Felipe Calderón para seguir ostentando el poder presidencial seis años más, que sin embargo los panistas estuvieron en riesgo de perder en ese entonces contra el tabasqueño AMLO quien estuvo en la orilla de brincar el charco para convertirse en Jefe del Ejecutivo Federal, en una elección donde acusó que le habían cometido fraude. Fue la estrategia del PRI, su capacidad de organización y la unidad del priismo la que en 2012 le permitió recuperar otra vez la presidencia de la República. Peña Nieto llegó fuerte y con imagen de invencible al poder, transitando sus dos primeros años de gobierno con éxito al concretar las reformas estructurales que el país demandaba desde hace ya años. Sin embargo, todo se vino abajo para EPN y pese a sus esfuerzos de intentar convencer a los mexicanos de las bondades de sus acciones en la presidencia, vivió los últimos 4 años de su gestión (que culminará el próximo 30 de noviembre) con la percepción de muchos ciudadanos de que todo marcha mal y que a la nación le urgía un cambio de mando, lo que aprovechó López Obrador para, por fin, lograr su afán de convertirse en el próximo mandatario de México a partir del 1 de diciembre de 2018, arrasando las elecciones de julio con MORENA.
La fenomenal e histórica derrota que AMLO le propinó esta vez al PRI puso al borde del abismo al otrora invencible partido que ostenta los colores del lábaro patrio y que ahora MORENA quiere obligar a cambiar en su intento de borrarlo de una vez por todas del “mapa político”, pero existen priistas que no están dispuestos a darse por vencidos y están prestos a dar la lucha para que el PRI resurja otra vez de sus cenizas como el ave fénix y retome el poder presidencial en 2024 que le fue arrebatado en las urnas como parte de una dura lección que le impuso la ciudadanía. Este reto de volver a hacer del PRI confiable para la mayoría de los mexicanos lo toman hoy, entre otros, priistas de “hueso tricolor” como Claudia Ruiz Massieu desde el CEN; el gobernador de Campeche, Alejandro Moreno Cárdenas; y Jorge Manuel Lazo Pech recién ungido como nuevo presidente sustituto del CDE en Campeche por el periodo 2015-2019, acompañado en la secretaría general por la carmelita Hilda Velázquez Rodríguez. Ahora, a ver de qué cuero salen más correas.