Pueblo chico, chisme grande

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Las habladurías, mejor conocidas como chismes, no faltan en ningún lugar del mundo, aunque en algunos lados se nota más ese desgastante bla,bla,bla, que para lo único que sirve es para difamar al prójimo a sus espaldas y para hacer “leña del árbol caído”, o sea, como vulgarmente se expresa: sólo sirve para estar chingando gente, para acabar pronto. Desgraciadamente, el chisme es para muchos más creíble que la verdad misma. A mí me sorprende seguir viendo que muchas personas, incluso muy preparadas académica, cultural e intelectualmente, se dejan llevar con gran facilidad por el chisme y el rumor y desdeñan a quien les habla las cosas de frente y tal y como son.
Hablar mal de los demás es de las peores bajezas del ser humano, ya que dicha práctica no solo acaba con reputaciones o afecta el entorno de quien es víctima de las habladurías, incluso ha llegado al grado de acabar con la vida del o los afectados en el chisme, pues hay quienes no tienen el temple de resistirlo y son débiles ante lo que se dice o habla de ellos y no tienen la fuerza ni el carácter para enfrentar las difamaciones en su contra. “Habla mal, que algo queda”, reza un dicho popular que muchos “cobardes” hacen suyo para lograr fines y objetivos aviesos.
Sembrar la insidia mediante el chisme o el rumor es una perversa costumbre que se nota más en lugares de bajo número de población como en mi querido Campeche. Por eso hasta el gobernador Alejandro Moreno Cárdenas reconoce que “si algo no se quiere que se sepa, mejor ni pensarlo ni decirlo”. Aquí nos queda bien eso de “pueblo chico, infierno grande” o “pueblo chico, chisme grande”. El mismo gobernador de Campeche ha sido objeto de cobardes ataques en su contra, producto de grupúsculos de resentidos que han buscado, sin éxito alguno, hacerlo quedar mal ante los campechanos mediante habladurías sin sustento y denostando sus acciones de gobierno. Estos ataques se los dirigen de manera especial en las redes sociales, que se han convertido en el conducto idóneo para la difamación pública.Sin embargo, Alejandro Moreno Cárdenas, seguro de su actuar como gobernante, ni suda ni se acongoja ante los embates y bajezas de sus detractores: “Trabajo mata grilla”, les ha respondido, para seguir enfrascado en sus múltiples quehaceres por Campeche, pues no hay tiempo que perder y la transformación del estado no puede esperar más.
Sí, Campeche no puede seguir atado o sujeto al cobarde actuar de quienes todo, completamente todo, lo ven mal. No puede ya, ni debe, nuestra entidad ceder al chantaje de esos “grillos” que sexenio tras sexenio eran premiados con dinero del erario por el miedo o el temor que algunos gobernantes le tenían a lo que decían, escribían o publicaban, en sus panfletos o espacios de internet, estos “profesionales” del chisme y el rumor. Precisamente, lo que el gobernador Alejandro Moreno Cárdenas ha hecho desde el inicio de su administración es cortar de tajo los “apoyos” y “privilegios” que se otorgaban a muchos de estos “extorsionadores profesionales” que lo único que hacían por Campeche era dañar las arcas gubernamentales y nada bueno aportaban al desarrollo del estado. Si algo ha dejado claro Moreno Cárdenas en estos dos primeros años de su gestión, es que está cumpliendo los compromisos contraídos con los campechanos actuando con congruencia en el pensar, el decir y en el hacer, y que la transformación de Campeche va en serio y para ello da pasos firmes para realizar en tiempo y forma cada una de las obras monumentales que le darán un “nuevo rostro” a la entidad.