Políticos corruptos se visten de “víctimas” en el proceso electoral

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Victimizarse parece ser el recurso que hoy en día adoptan muchos políticos para tratar de ganar adeptos en una elección y buscar alzarse con la victoria al final de la contienda. Ya no importa a muchos candidatos a cargos de elección popular convencer a la gente con sus propuestas, no. Hacer valer las ideas y proyectos para garantizar un buen gobierno es lo de menos para aquellos políticos que saben que más resultado ante la ciudadanía que busca desesperadamente un cambio, sin importarle que sean lobos disfrazados con piel de oveja quienes buscan llegar al poder engañando con el sobado discurso de una “honestidad” de la que carecen.
Es lamentable,muy lamentable, que los políticos continúen saliéndose con la suya manipulando la esperanza ciudadana que sigue anhelando cada tres o seis años un cambio en la manera de actuar de sus gobernantes que beneficie al país, a su estado, a su municipio o a su comunidad, pero más que lamentable es que los ciudadanos entreguen sus aspiraciones a una vida y a un futuro mejor a mercaderes de la política que a pesar de ser exhibidos públicamente en sus “trampas, triquiñuelas y ambiciones desmedidas” , se aprovechan de la “ceguera y fanatismo” de sus seguidores y los utilizan sin empacho ni remordimiento en sus ‘campañas de victimización política”, haciéndolos salir a marchar a las calles para exhibirlos como “botín” de su cinismo y de su impune actuar.
La moda de hacerse la víctima es recurso de políticos tramposos y taimados que esconden su cara de “yo no fui” y de “falsos honorables” haciendo gala de una asombrosa capacidad de actuación digna de hacerlos acreedores a un “Óscar” o un “Ariel”, ya que tienen tal habilidad para el engaño que hasta ellos se creen sus cuentos y saben transmitirlos a sus incautos seguidores hasta convertirlos en sus “fanáticos” e incondicionales a toda prueba, mismos que son capaces de lanzarse violentamente contra cualquier detractor de su candidato sin importarles las consecuencias de sus arrebatados e intolerantes actos.
El candidato que se victimiza lo hace porque sabe la mayoría de las acusaciones o señalamientos que salen a la luz pública, generalmente exhibidos en audios o videos grabados clandestinamente y que se filtran a los medios de comunicación de forma anónima, son hechos y acontecimientos que sí ocurrieron pero que nunca imaginaron que alguien los traicionaría y los haría públicos, por lo que el político cachado en la maroma difícilmente va a reconocer su culpabilidad y decir abiertamente que “sí, soy yo el de la voz o el que sale en el vídeo”. Eso ni siendo muy pendejo lo reconocería, razón por la que solamente le queda buscar “revirar” su culpabilidad y decir que “todo es falso, ese no soy yo” o “esa no es mi voz, yo no hablo así”, para acabar señalando que es objeto de “guerra sucia” pero sin decir en cambio que en dicha guerra los “proyectiles” lanzados fueron hechos de su propia mierda.
No conozco hasta ahorita, en mis casi 36 años de haber incursionado en el periodismo, a político que “coma lumbre” y que reconozca sus graves errores. Nadie que esté dentro de la política, deben de tenerlo presente siempre los ciudadanos, son “hermanitas de la caridad”, ni mucho menos “santos o seres iluminados”, no, para nada, son todos los políticos simples seres humanos con múltiples defectos y escasas virtudes. Casi todos cojean del mismo pie: del de la corrupción y el engaño, se acostumbran al dinero fácil y a incumplir su palabra y sus compromisos. Casi todos quienes se meten a la política, con sus honrosas y contadas excepciones, buscan el beneficio, pero el propio; poco hacen para ayudar al prójimo o al necesitado y cuando hacen algo a favor de la gente te dejan en claro que tienes que darles las gracias y que se la debes.
Quien esto escribe estoy en completo acuerdo de que los ciudadanos usen su derecho a manifestarse contra toda acción que el gobierno o los políticos cometan en su contra o contra toda decisión que afecte los intereses válidos del pueblo, especialmente por acciones de injusticia e ilegalidad que afecten a los más desprotegidos, pero nunca estaré de acuerdo en que sea la ciudadanía la que enarbole la defensa a ultranza de políticos que están muy lejos de ser ejemplo de honorabilidad y honestidad. Si queremos buenos gobernantes, entonces no sigamos haciéndole el juego a políticos doble cara que solo simulan hacer algo por la gente llevando un pico y una pala a cuestas para que, una vez llegando al poder, “desenterrar” los dineros del pueblo para llevárselos y cobrarles por su “ingenua complicidad”.