Prácticas de sustentabilidad.

RAMON PEREZ.

Seguramente, amiga o amigo lector, usted habrá escuchado el término sustentabilidad ambiental de manera reiterada y recientemente, pero ¿de qué estamos hablando? Pues bien, sustentabilidad ambiental no es nada más que el uso racional de los recursos naturales, de manera tal que sea posible mejorar el bienestar de la población actual sin comprometer la calidad de vida de las generaciones futuras.

Un ejemplo de ello serían los calentadores solares, los cuales ya están siendo utilizados en varios hogares del país. Otra de las prácticas que hemos visto en los últimos años es el uso de la tecnología LED; una forma de iluminar, ahorrar y no dejar huellas negativas en el medio ambiente. Los LED son pequeños, resistentes, no contaminantes y perfectos para formar parte de una iluminación que, además, sea un diseño sustentable.

Para comprender mejor la importancia de usar eficientemente los recursos, en este caso la energía eléctrica, me valdré de la siguiente cifra: se estima que solamente la iluminación es responsable del consumo de 19% de la energía mundial y causante de 6% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero.

Con base en estos datos, si se tomara conciencia de la necesidad de duplicar la eficiencia en la iluminación a nivel mundial los resultados serían magníficos: ahorrar 670 millones de toneladas de emisiones de gases de efecto invernadero cada año.

Solo en Estados Unidos (uno de los países que más consumen y contaminan con gran déficit de huella ecológica), reducir el consumo eléctrico 40% supondría una reducción de la demanda de energía equivalente a la producción de 198 centrales eléctricas de tamaño medio.

Para comprender mejor estos datos con una realidad más palpable, el uso de LED en el alumbrado público puede generar un ahorro energético de hasta el 85 por ciento.

Es momento de convertir la sustentabilidad ambiental en un eje transversal de las políticas públicas. En México estamos aún a tiempo de poner en práctica las medidas necesarias para que todos los proyectos, particularmente los de infraestructura y los del sector productivo, sean compatibles con la protección del ambiente.

Es necesario que el desarrollo de nuevas actividades económicas en regiones rurales y semi rurales contribuya a que el ambiente se conserve en las mejores condiciones posibles. Todas las políticas que consideran la sustentabilidad ambiental en el crecimiento de la economía son centrales en el proceso que favorece el desarrollo humano sustentable.