La rueda de la fortuna

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En las apacibles aguas de la existencia, diariamente, en ésta oportunidad de seguir caminando por los vericuetos torcidos de los caminos inexplorados de la vida, lo primero que se hace es convertirla en una feria llena de “tiovivos” y de “ruedas de la fortuna”, máscaras infamantes que disfrazan el oprobio y la distorsionada personalidad de los que en nombre del hombre, lo realizan. Qué fácil resulta echar culpas entre padres, hermanos, maestros y sociedad sin atreverse a buscar, por temor a encontrar, que la única imagen que nos regresaría el espejo difamante, fuera la nuestra.
¿Educación? El siglo pasado, la educación era asumida como una tarea familiar y comunitaria, con inyección de valores que hacían y apostaban por el mejor proyecto de nación y de respeto a los derechos y garantías de los individuos. Se demostró con ello que la educación no era cuestión de escuela, sino de familia, donde había no tan solo casas, sino sólidos hogares. Inicio demostrado de personas que sabían decidir con seguridad basados en el pensamiento crítico y reflexivo que los hacían pensar de manera personal y colectiva, razón por lo cual tenían que ser debilitados o eliminados por considerarlos reaccionarios, para no llamarlos revolucionarios, en un ambiente en que cada cual, debiera tener bien definido su tiempo y su espacio, su lugar y su aceptación callada.
Si se hiciera un análisis somero de las circunstancias que han originado movimientos de inconformidad y resultados adversos a quienes ya tenían como costumbre hablar de triunfos adelantados, aún antes del nacimiento de ciudadanos en que se gestarían los mencionados triunfos, se establecería la conclusión en cadena, del porqué de la desesperación por acabar con verdaderos programas educativos en los que el civismo y la moral eran la columna vertebral de los mismos; de ponerle escollos al verdadero maestro que sin aulas muestra y sin tecnología jamás se rindió no para ir a adiestrar ni manipular mentes ni pensamientos, sino para ir a despertar el derrotismo y a desperezar el miedo y la incertidumbre. ¡Cuidado!, porque ese es el verdadero enemigo a vencer para seguir con el control total de toda una nación. ¡Cuidado!, porque el que enseña a pensar y a actuar con decisión, morirá en el olvido al enfrentar y demostrar su convicción.
¡No hay hombre que no tenga un precio, ni dignidad que no se pueda comprar! Esa es la llave tan temida y a la vez tan buscada y esperada, que ha hecho de hijos, padres que olvidan su formación y el cómo obtuvieron todos los elementos para girar y salir airosos en los cuatro puntos cardinales y en los movimientos de rotación y traslación de la tierra. Que se han cerrado en un amor sin oportunidades al esconder la cultura del esfuerzo y darles en cambio la varita mágica de la solución de todos sus problemas sin la intervención de ellos, como generadores de los mismos. Me recuerda al campesino que al sembrar pidió a Dios proteger su trigo de sol, lluvia y viento, pidiendo que todo ello se le diera a su vecino. Y así sucedió, y su trigo creció bonito y con grandes espigas que auguraban una gran cosecha, a diferencia del campo del vecino que estaba pequeño pero doblado hacia el piso. Al cosechar, sus espigas no tenían trigo, estaban vacías, mientras que el vecino tuvo la mejor cosecha de la región. La respuesta de Dios: el trigo crece y se hace fuerte al luchar contra las inclemencias de la naturaleza.
Si no se recupera la dignidad, no pidas recuperar la vida al no saber cuándo se perdió, ¿o acaso quedó, en la rueda de la fortuna?

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