2020: Alter representación.

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Eduardo Arévalo

Salud y prosperidad, son mis deseos para este año a nuestros lectores.

La necesidad de explorar nuevas u otras formas de representación política, que conecten de nuevo a representantes y representados, más aún en la era de la posverdad, ha ocupado el trabajo académico y práctico de quienes encuentran en la política un medio de transformación colectiva.

Lo que se ha señalado como ausencia de referentes generacionales, participantes del debate de contraste, así como la falta de liderazgos reales capaces de articular la suma de voluntades y dar voz a sus representados en el concierto de la discusión pública, nos obliga a responder con razón y método.

La madrugada del 1 de Enero de 1994, México y el mundo atestiguaban el levantamiento del EZLN en las montañas del sureste mexicano, estado de Chiapas.
La entrada en vigor el mismo día del entonces TLCAN, marcaba la consolidación del modelo neoliberal y el ingreso de México a la era de la globalización.

El uso de cosmogonía indígena de etnias de la región, estructura de organización guerrillera y la aparición del personaje “Subcomandante Insurgente Marcos” como portavoz y rostro simbólico del movimiento, causaron revuelo, admiración y presencia de alta intensidad en la prensa a nivel internacional.

El uso de alegorías políticas cargadas de folclór, estrategias comunicación vía libros, radio autogestiva , conciertos y su modelo de organización en células distribuidas en el territorio de la montaña, coparon la discusión pública durante casi una década con su contenido, incluso con presencia en la actualidad.

La lógica de actuación política sintetizada en el “mandar obedeciendo”, representaba un modelo desconocido en la realpolitik y un discurso de avanzada para la década de los 90s, que fue replicada en nuestra década por movimientos sociales como en el inicio de Podemos u Occupy Wall Street.

El balance de aciertos y errores de dicho movimiento, es materia de análisis más profundos, pero es posible destacar la implementación de su modelo de superación de diferencias y conflictos, organización, toma de decisiones y performance a manera de “ensamblaje”, que cuenta con sustento teórico documentado.

El “ensamblaje” o asamblea, es planteado por M. Hardt y A. Negri (2019), en el presente escenario en el que el paradigma de representación actual está llegando a su fin, sin vislumbrar aún alternativas reales. La propuesta no considera abandonar el liderazgo principal, sino renovarlo desde otra perspectiva.

La lógica del citado modelo, propone al colectivo en la construcción de la estrategia a largo plazo de los movimientos (o partidos), en la que los liderazgos se transforman en los conductores de las tácticas en lo inmediato y largo plazo, en una especie de aparecer y replegarse, para retroalimentar la actuación política.

Es posible finalizar con preguntas de índole dialéctica: Representar ¿quiénes?. Incluir ¿cómo?, ejecutar ¿qué?, liderar ¿hacia dónde?.
La era de la posverdad es combatible desde la organización colectiva, conducida, incluida y guiada con razón, método y contenido.