Investigadores en California han comenzado a usar inteligencia artificial capaz de captar las señales térmicas de las ballenas grises en la Bahía de San Francisco para reducir el riesgo de choques con embarcaciones. La tecnología llega cuando aumentan los avistamientos y las autoridades buscan soluciones prácticas que protejan a los cetáceos y a la navegación comercial.
El proyecto, impulsado por el Benioff Ocean Science Laboratory, combina cámaras térmicas y modelos de IA para detectar el calor de las exhalaciones —los llamados “blows”— cuando las ballenas respiren en la superficie. Al identificar esas ráfagas de calor, el sistema crea alertas casi en tiempo real que pueden ser consultadas por las embarcaciones en ruta.
Según reportes locales, los primeros equipos llamados Whale Spotter se instalaron en Angel Island y en un ferry que opera hacia Vallejo. En las primeras horas de funcionamiento el dispositivo registró decenas de señales térmicas, lo que sugiere actividad de varios individuos en el área.
- Qué hace el sistema: detecta firmas térmicas del aliento de la ballena y envía coordenadas a una plataforma digital accesible para marinos.
- Beneficio inmediato: permite a los capitanes ajustar rumbos y reducir velocidad para evitar impactos.
- Tiempo de evaluación: el equipo espera medir en unos meses si la tecnología reduce la mortalidad por colisiones.
La detección térmica aprovecha el contraste entre la exhalación cálida y la superficie fría del océano, un patrón que la IA aprende a reconocer rápidamente. Las notificaciones se plasman en un mapa en tiempo real, de modo que la información llega con la rapidez suficiente para que la tripulación tome decisiones operativas.
No es la única estrategia en prueba para evitar muertes de cetáceos: en otras regiones se han usado imágenes satelitales de alta resolución para localizar bancos de mamíferos marinos y redes de boyas que transmiten los clics de los cachalotes a los barcos en tránsito. Todos estos enfoques buscan mejorar la detección, pero no sustituyen medidas complementarias como la reducción de velocidad en áreas de presencia conocida.
Los responsables del proyecto reconocen limitaciones: la detección no evita por sí sola un encuentro accidental si la maniobra no es factible o la visibilidad es mala. Por eso el objetivo inmediato es integrar datos automáticos con cambios operativos y campañas de concienciación entre operadores marítimos.
Si los resultados iniciales confirman una baja en las colisiones, la iniciativa podría ampliarse a más puntos de la bahía e inspirar despliegues similares en otros corredores marinos. Para las comunidades costeras y la industria, la apuesta es doble: proteger a especies emblemáticas como la ballena gris y reducir riesgos operativos que afectan tanto a la fauna como a la seguridad marítima.
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