Un mamífero pequeño y de ojos grandes que se creía desaparecido ha resultado estar vivo en la isla de Bangka, en Indonesia. La confirmación proviene de datos de rescate locales y de un estudio científico reciente que reevalúa la distribución y el estado de conservación de esta especie.
La especie en cuestión, el slow loris de Bangka (Nycticebus bancanus), había dejado de aparecer en la literatura científica occidental desde la década de 1930 y en 2015 fue catalogada como “posiblemente extinta”. Sin embargo, registros de campo y la labor de un centro de rescate local demuestran que no solo sobrevive, sino que ha sido rescatada con cierta regularidad durante la última década.
Cómo se aclaró el misterio
El punto de partida fue una guía de campo publicada en 2022 sobre los primates de Indonesia que ubicó al loris en pequeñas áreas boscosas de Bangka, entre ellas el cercano al parque nacional Gunung Maras. A partir de esa referencia, investigadores revisaron trabajos no publicados y registros del Alobi Wildlife Rescue Center, en Muntok, y encontraron datos acumulados desde 2015.

Los investigadores que firmaron el estudio sostienen que los datos del Alobi han sido determinantes para demostrar la persistencia de la especie y sugieren que su distribución en la isla podría ser más amplia de lo que se pensaba.
Entre 2015 y 2025 el centro documentó más de 90 rescates de slow loris de Bangka; según reportes, 86 de esos animales fueron rehabilitados y devueltos a áreas silvestres. Casi todas las intervenciones surgieron porque los animales se habían desplazado hacia zonas habitadas: jardines, plantaciones y carreteras.
- Última observación científica previa: Años 30 del siglo XX.
- Catalogación en 2015: Considerada “posiblemente extinta”.
- Fuente clave para la reapertura del caso: Guía de campo de 2022 y registros del Alobi Wildlife Rescue Center.
- Rescates documentados (2015–2025): >90 individuos; 86 liberados.
- Rasgo único: Especie venenosa entre los primates.
Por qué importa hoy
La historia subraya dos puntos relevantes: la importancia del conocimiento local y la fragilidad de poblaciones que pueden desaparecer del radar científico pero seguir presentes en territorios compartidos con comunidades humanas. Como señala Benji Barca, de la organización Re:wild, los datos locales y el trabajo de comunidades e instituciones pequeñas son fundamentales para entender realmente el estado de conservación de una especie.

Además, el caso del loris de Bangka tiene implicaciones prácticas: su presencia cerca de zonas cultivadas aumenta el riesgo de conflictos humanos y de tráfico ilegal, y su particular biología exige medidas de manejo especializadas.
El slow loris de Bangka forma parte de un grupo extremadamente singular: es uno de los pocos primates capaces de producir una toxina defensiva. Las glándulas situadas en la región superior de sus brazos secretan un compuesto que, al mezclarse con la saliva, convierte su mordida en una defensa citotóxica. Este efecto puede dañar tejido, provocar necrosis y complicar la cicatrización, lo que añade una dimensión de riesgo sanitario a los encuentros entre humanos y animales.
Qué sigue para su conservación
Los autores del estudio piden mayores esfuerzos de monitoreo y protección en Bangka, y subrayan la necesidad de integrar el conocimiento de centros locales como Alobi en las evaluaciones internacionales de especies. Sin datos locales, una especie puede “desaparecer” de los inventarios científicos sin haber desaparecido de sus hábitats.
La recomendación práctica incluye establecer rutas seguras para la fauna, campañas de información a comunidades rurales sobre cómo actuar ante lorises encontrados y políticas que protejan fragmentos de bosque cruciales para su supervivencia. La combinación de monitoreo científico y trabajo comunitario aparece como la vía más fiable para evitar que el loris vuelva a caer en el olvido.
En resumen: un mamífero que llegó a considerarse perdido ha reaparecido en registros locales, lo que obliga a revisar su estado de conservación y a reforzar medidas de protección que integren a las comunidades y a los centros de rescate que llevan años registrando su presencia en Bangka.
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