Maestro impulsa práctica diaria de positividad y contagia a toda la primaria

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Di Alonso Delgado

Maestro impulsa práctica diaria de positividad y contagia a toda la primaria

En una escuela primaria de Haysville, Kansas, una rutina sencilla está cambiando el clima del aula y empezando a propagarse por todo el plantel: cada tarde los alumnos repiten frases positivas antes de salir a casa. La práctica, que ha ganado atención local en las últimas semanas, ofrece una pauta clara sobre cómo pequeñas intervenciones pueden favorecer el bienestar emocional infantil.

El origen es la clase de primer grado del profesor Tyler Richards en la Rex Elementary. Allí, los niños cierran la jornada con afirmaciones breves —por ejemplo, «soy valioso» o «puedo enfrentar retos»— pensadas para dejar una sensación de calma y seguridad antes de regresar al hogar o a actividades extracurriculares.

El director Shane Paulus contó a medios locales que la iniciativa ha reforzado la percepción de la escuela como un espacio acogedor. «Los estudiantes terminan el día sintiéndose vistos y seguros», explicó, señalando que no se trata solo de palabras, sino de reforzar una atmósfera positiva.

Richards comenta que cualquier docente busca dejar huellas positivas en sus alumnos; en su caso la simplicidad del ejercicio fue clave: se puede aplicar en segundos, no interfiere en la jornada y permite que la despedida sea constructiva. Esa combinación facilitó que la idea se extendiera a otros grados.

Qué está cambiando en la escuela

La adopción no fue impuesta: varios maestros integraron versiones propias —en voz alta, en coro, o con tarjetas— y los niños mismos empezaron a proponer variantes. Según la dirección, esa participación estudiantil es un indicador de que la práctica cumple su objetivo: generar sentido de pertenencia.

  • Mejora del cierre del día: los alumnos se van con una sensación positiva y menos ansiedad.
  • Fácil replicación: no requiere recursos ni entrenamiento extenso para implementarse en distintas aulas.
  • Participación estudiantil: al crear sus propias afirmaciones, los niños refuerzan la autonomía emocional.
  • Impacto comunitario: padres y docentes observan cambios en el tono del grupo y en la disposición para aprender.

Desde una perspectiva educativa, iniciativas como esta encajan con los programas de aprendizaje socioemocional que muchas escuelas están priorizando. No prometen resolver problemas complejos de salud mental, pero sí pueden funcionar como una práctica preventiva que favorece la regulación emocional diaria.

Para padres y directivos el mensaje es claro: intervenciones breves y consistentes pueden tener efectos tangibles en el ambiente escolar. La experiencia en Rex Elementary sugiere que, cuando las rutinas se vuelven colectivas y los alumnos participan en su diseño, la comunidad educativa gana en cohesión.

En un momento en que la salud emocional de niños y jóvenes está en la agenda pública, ejemplos locales como este ofrecen una guía práctica para escuelas que buscan métodos simples y sostenibles para apoyar a su alumnado.

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