Un estudio reciente sugiere que dos compuestos no psicoactivos de la planta de cannabis podrían reducir la grasa y el colesterol hepático, lo que abre una vía terapéutica potencial contra la enfermedad hepática grasa, la más común a nivel mundial. La relevancia es inmediata: con cerca de uno de cada tres adultos afectados y pocas opciones farmacológicas aprobadas, cualquier avance que mejore la función hepática merece atención científica y clínica.
Investigadores del Hebrew University of Jerusalem publicaron los resultados en la British Journal of Pharmacology, donde describen cómo el Cannabidiol (CBD) y el Cannabigerol (CBG) modifican procesos metabólicos clave en el hígado sin provocar efectos psicoactivos.
Qué encontraron los científicos
El equipo observó que ambos compuestos actúan sobre dos frentes complementarios: aumentan una reserva energética alternativa en el hígado y restauran la capacidad de las células para degradar desechos lipídicos.
Más en detalle, los tratamientos elevaron los niveles de fosfocreatina, una molécula que funciona como batería de respaldo en tejidos sometidos a estrés metabólico, y reactivaron enzimas llamadas catepsinas, que participan en la limpieza celular dentro de los lisosomas.
- Reducción de lípidos dañinos: disminución significativa de triglicéridos y de ceramidas, lípidos asociados a inflamación e resistencia a la insulina.
- Mejor manejo de la glucosa: ambos compuestos ayudaron a normalizar los niveles de glucemia y la eliminación de glucosa por el organismo.
- Diferencias entre CBD y CBG: CBG mostró mayor efecto en la reducción de la masa grasa y en la sensibilidad a la insulina, además de una caída más marcada en el colesterol total y LDL.
Por qué importa ahora
La enfermedad denominada actualmente MASLD (metabolic dysfunction‑associated steatotic liver disease) está asociada a obesidad, hipertensión y resistencia a la insulina. Con su prevalencia en aumento, las estrategias basadas en compuestos vegetales que mejoren la “remodelación metabólica” hepática podrían ofrecer alternativas complementarias a cambios en dieta y actividad física, especialmente cuando éstos resultan difíciles de sostener.
El líder del estudio, el profesor Joseph Tam, explicó que recuperar la actividad lisosomal y aumentar la reserva energética hepática facilita la eliminación de grasas y residuos celulares, lo que se traduce en una función hepática más resistente frente a dietas altas en grasas.
Limitaciones y pasos siguientes
Aunque los resultados son prometedores, provienen de experimentos preclínicos y modelos controlados; por tanto, hacen falta ensayos clínicos en humanos para confirmar eficacia, dosis seguras y posibles interacciones con otros tratamientos. Los autores subrayan la necesidad de estudios que determinen cómo aplicar estos hallazgos en pacientes con distintos grados de enfermedad hepática.
En resumen, el estudio aporta un mecanismo plausible —la remodelación metabólica mediante fosfocreatina y activación lisosomal— por el que CBD y CBG podrían proteger el hígado frente a la acumulación de grasa y el deterioro metabólico. Es un avance que exige seguimiento clínico pero que posiciona a estos compuestos como candidatas interesantes en la investigación contra la MASLD.
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