Protección marina en Turquía se triplica: 300 millas de costa ahora protegidas

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Di Alonso Delgado

Patrulleros marinos vigilando aguas protegidas del Mediterráneo desde una embarcación

En la costa mediterránea de Turquía un esfuerzo comunitario y apoyos internacionales han convertido tramos degradados del mar en áreas marinas visiblemente recuperadas; importa ahora porque ofrece un modelo replicable para recuperar biodiversidad y sostener la pesca local en otras zonas costeras. Lo que empezó en 2019 se traduce hoy en mejor pesca, más turismo y el regreso de especies amenazadas en casi 500 km de litoral.

Durante años, la sobrepesca ilegal y la falta de vigilancia habían vaciado de vida algunas reservas marinas oficiales: tiburones, focas y tortugas disminuyeron al no encontrar alimento ni refugio. Al mismo tiempo los pescadores que cumplían la ley vieron caer sus capturas y sus ingresos, lo que generó tensión social y necesidad de soluciones prácticas.

Cómo se articuló la iniciativa

Una ONG vinculada a un proyecto de la Universidad de Cambridge, con fondos del Arcadia Fund del Reino Unido, lanzó en 2019 una convocatoria para reforzar la protección entre la bahía de Gökova y el cabo Gelidonya. El financiamiento inicial, de alrededor de 3 millones de dólares, permitió a activistas y comunidades locales coordinar acciones en varios espacios protegidos contiguos.

Arrecife de coral y peces en un área marina protegida del Mediterráneo
Las áreas de no pesca permiten la recuperación de hábitats y el regreso de especies amenazadas.

El proyecto fue liderado por el conservacionista turco Zafer Kızılkaya, cofundador de Akdeniz Koruma Derneği (Sociedad para la Conservación del Mediterráneo), quien ya había impulsado en 2012 la primera área marina gestionada por la comunidad en la bahía de Gökova. La idea central: no basta con proteger parches aislados; las especies se mueven y necesitan corredores que conecten hábitats.

  • Zonas de no pesca: entre 2019 y 2023 se crearon o ampliaron 18 áreas de protección estricta a lo largo de la costa.
  • Ampliación de superficie protegida: la protección marítima se triplicó en aguas territoriales turcas para 2020.
  • Disminución de la pesca ilegal en aproximadamente un 80%, tras labores de vigilancia comunitaria y cooperación con autoridades.
  • Regreso de especies emblemáticas: reaparecieron tiburones de banco de arena y más de 30 ejemplares de la foca monje mediterránea encontraron refugio en la zona.
  • Mejoras socioeconómicas: aumento de visitantes en zonas costeras y señales de recuperación en las capturas de pescadores locales.

Vigilancia desde la comunidad

Las autoridades costeras tenían recursos limitados por prioridades como el control migratorio y el combate al contrabando. Como respuesta, el proyecto formó y desplegó a habitantes locales como rangers marinos, personas con conocimiento del litoral que patrullan, identifican puntos de pesca ilegal y trabajan con la policía cuando es necesario.

Rangers marinos locales vigilando desde una embarcación en aguas costeras
La vigilancia comunitaria fue clave para reducir la pesca ilegal en aproximadamente un 80%.

La presencia de estos vigilantes, que en ocasiones actuaron en condiciones peligrosas, fue crucial para reducir las prácticas ilegales y para restablecer la confianza de las comunidades pesqueras en la protección legal de los espacios marinos.

Recuperación visible y desafíos pendientes

Los pescadores comenzaron a reportar capturas mayores en las zonas que rodean las áreas protegidas: un fenómeno consistente con el efecto de desbordamiento (spillover) que ofrecen los MPAs bien gestionados. Al mismo tiempo, aumentó el turismo náutico y el interés por la observación de fauna marina.

No obstante, la recuperación no está concluida. Especies migratorias como los tiburones y las focas se benefician cuando existen corredores ecológicos que conecten hábitats; de lo contrario, recuperaciones locales quedan expuestas al riesgo fuera de las zonas protegidas. El proyecto ahora prioriza justamente esa conectividad a lo largo de los 500 km del litoral.

Además, el cambio demuestra un efecto multiplicador: iniciativas similares en el Mediterráneo y en otras regiones ahora comparten aprendizajes y herramientas, y surgen generaciones interesadas en conservar el entorno —desde observadores de aves hasta pescadores que adoptan prácticas sostenibles—.

El avance en Turquía ilustra que la combinación de liderazgo local, financiamiento externo y vigilancia comunitaria puede restaurar ecosistemas marinos y ofrecer beneficios económicos tangibles; la lección es relevante hoy para administraciones costeras que buscan conciliar conservación y medios de vida. La tarea siguiente es garantizar la protección continua y ampliar la estrategia de corredores para sostener esa recuperación a largo plazo.

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