Casi la mitad de las empresas que han pagado aranceles planean trasladar esos costos a los consumidores, según una nueva encuesta de la Reserva Federal de Nueva York —una señal que podría mantener la presión inflacionaria más tiempo del esperado y complicar la hoja de ruta de la política monetaria. Esto importa hoy porque esas decisiones de precios inciden directamente en el bolsillo de los hogares y en la trayectoria de la inflación que vigilan la Fed y los mercados.
La pesquisa, realizada por economistas del banco central regional —entre ellos Jaison Abel, Mary Amiti, Richard Deitz, Sebastián Heise y Nick Montalbano—, muestra que los aumentos de precios derivados de los aranceles no siempre se limitan a un ajuste puntual, sino que a menudo se difunden y se programan a lo largo de meses o incluso años.
En términos concretos, cerca del 44% de los fabricantes encuestados dijo que anticipa subir precios por los aranceles, mientras que en el sector servicios la proporción llega a aproximadamente el 47%. Además, varias empresas indicaron que las alzas podrían materializarse en periodos de seis meses o más.

- Fabricantes: ~44% planea trasladar costos a precios finales.
- Servicios: ~47% prevé incrementos por aranceles.
- Horizonte temporal: muchas empresas difieren los aumentos y los aplican de forma gradual.
- Implicación: los efectos de los aranceles pueden alimentar la inflación de manera persistente.
Los autores del estudio advierten que cuando los aranceles varían con frecuencia, el supuesto de un único ajuste sobre el nivel general de precios deja de cumplirse. En la práctica, apuntan, las empresas tienden a repartir el impacto en el tiempo, lo que convierte un choque puntual en una serie de aumentos sucesivos.
Ese hallazgo entra en tensión con la visión de varios responsables de la Reserva Federal que han definido el efecto de los aranceles como transitorio. Por ejemplo, John Williams, presidente de la Fed de Nueva York, ha señalado que la inflación relacionada con los aranceles estaría cerca de su pico. Otros miembros y dirigentes —incluyendo a Kevin Warsh y al gobernador Chris Waller— han argumentado en distintas ocasiones que esos costos deberían ser vistos como incrementos puntuales, que la autoridad monetaria podría en gran medida ignorar.
Sin embargo, el expresidente de la Fed, Jerome Powell, ha reconocido incertidumbres: aunque consideró que los aranceles explicaban parte del alza inflacionaria, advirtió que los efectos podrían tardar hasta un año en desplegarse por completo y que la evolución de la inflación de los bienes será clave para evaluar el progreso.
Para consumidores y empresas esto supone dos consecuencias inmediatas. Primero, la posibilidad de ver precios más altos en bienes y servicios en los próximos meses; segundo, una mayor complejidad para la Fed a la hora de distinguir entre inflación estructural y aumentos derivados de cambios en la política comercial.

En términos prácticos, el escenario más relevante a seguir es si las empresas siguen aplazando y escalonando incrementos: si lo hacen, las presiones inflacionarias podrían prolongarse y limitar el espacio de maniobra para una normalización de precios.
Los próximos pasos a vigilar: nuevas rondas de encuestas empresariales, datos de precios al consumidor y mayor claridad sobre la política arancelaria del gobierno. Esos elementos marcarán si el impacto de los aranceles queda como una sacudida breve o se convierte en un motor sostenido de inflación.
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Héctor Rivas se especializa en análisis económicos y financieros. Recibirá consejos claros e información precisa sobre los mercados, las empresas y las tendencias económicas globales.